Texto Marc Codinas
Las comarcas de Lleida en invierno son un destino privilegiado para los amantes del deporte, la naturaleza y el turismo sostenible. Se trata de un terreno de juego idóneo para vivir un gran abanico de experiencias únicas. En el Pirineo, la suma de las once estaciones de montaña y esquí —con pistas en las modalidades de esquí alpino y nórdico— que se encuentran en el corazón de los valles del territorio convierten la demarcación en un destino turístico de referencia durante los meses fríos del año, con una oferta donde tienen cabida también otros aspectos atractivos como la gastronomía, la cultura y el paisaje.
Pasión por la nieve
Lleida es sinónimo de pasión por la nieve. Ya sea mediante la práctica del esquí alpino, el esquí nórdico, el freeride, el surf sobre nieve, el esquí de travesía o las raquetas de nieve, el territorio ha sabido aprovechar sus recursos naturales, configurando una experiencia invernal completa y variada, y que es ideal tanto para los amantes de la aventura como para quienes buscan un entorno relajante y donde parezca que el tiempo se ha detenido. El sector de los deportes de invierno ha realizado en los últimos años una firme apuesta por el desarrollo sostenible, con el objetivo de preservar el entorno donde lleva a cabo su actividad minimizando su huella ambiental. Aplica, así, medidas de descarbonización y una mejor gestión del agua, acompañándolo con acciones de valoración, preservación y promoción de su capital natural. En este sentido, las estaciones de esquí y montaña del Pirineo de Lleida no son solo un refugio salvaje para los amantes del aire libre, sino también un motor económico de los valles de montaña.

La cantidad y la calidad de nieve de las montañas de Baqueira Beret, entre la Val d’Aran y el Pallars Sobirà, la han convertido en un referente estatal y europeo en todos los deportes de invierno, con el esquí alpino a la cabeza. En el invierno en el que la estación cumple sesenta años de historia, se erige como un oasis de nieve para quienes buscan perderse en la inmensidad. En este sentido, la estación trabaja para situarse cada vez más en el mapa internacional, mientras que complementa su oferta deportiva con experiencias gastronómicas de alto nivel en sus pistas y con todos los servicios que se puedan necesitar junto a sus remontes. Organizará de nuevo este año una prueba del Freeride World Tour con los mejores corredores de esquí y de surf sobre nieve y, por primera vez, organiza la Copa de Europa FIS de Eslalon en el Stadium de Beret.
En la Alta Ribagorça, la estación de Boí Taüll ofrece la cota esquiable más alta de todo el Pirineo, con la cima del Puig Falcó (2.751 metros). Es un destino de alta montaña, con abundantes nevadas que hacen las delicias de los esquiadores más intrépidos gracias a estar influenciada por un clima atlántico. Se trata de un escenario perfecto para los amantes del esquí de travesía y del freeride, con distintos itinerarios señalizados dentro de su dominio esquiable. En este sentido, la estación leridana volverá a situarse esta temporada en el calendario internacional deportivo, con la celebración de las pruebas de esprint y relevos mixtos de la Copa del Mundo de esquí de montaña ISMF. Ambas disciplinas serán olímpicas en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026, por lo que la estación será el centro de atención de las miradas de los fanáticos de este deporte.

Las instalaciones de Espot y Port Ainé, en el Pallars Sobirà, son el destino idóneo para familias y grupos de amigos. En ellas confluyen la tradición de los deportes de aventura en un entorno privilegiado y rodeado de un patrimonio cultural y humano de incalculable valor. Sus altas montañas son un refugio de especies amenazadas, por lo que las dos estaciones de montaña promueven durante la temporada talleres de educación ambiental y acciones para proteger el medio ambiente y luchar contra el cambio climático. En cuanto a Port Ainé, casi la totalidad de sus pistas están orientadas a la cara norte, lo que garantiza una nieve de calidad hasta el último día de la temporada. Por su parte, la estación de Espot complementa sus actividades con la pista de tubbing, con un recorrido de unos 150 metros de largo y dos peraltes, mientras que los que deseen adentrarse en el Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici lo tendrán muy fácil, puesto que la estación se encuentra a las puertas de ese paraíso natural, donde en invierno parece que el tiempo se detenga.
También en el Pallars Sobirà, la estación de Tavascan, en el término municipal de Lladorre, es un pequeño tesoro salvaje que hará las delicias de los más aventureros. Se trata de una de las estaciones de montaña más familiares del Pirineo, con el refugio de la Pleta del Prat como epicentro, que es el punto de partida de un buen puñado de excursiones de alpinismo invernal. Además de circuitos de esquí alpino, la estación suma 14 kilómetros de pistas de esquí nórdico.

Es también de visita obligada la estación de Port del Comte, en el Solsonès. Es el complejo turístico invernal más austral de Cataluña, que se ha especializado en el público familiar y se encuentra a menos de una hora y media de Barcelona. Año tras año apuesta por la sostenibilidad medioambiental, modernizando sus sistemas de producción de nieve y tratando con especial cuidado los trazados de sus pistas. Es, pues, uno de los motores turísticos del valle de Lord durante el invierno, y ofrece una gran variedad de pistas en sus diferentes sectores, todos con un gran encanto.
Las estaciones leridanas que forman parte de la Mancomunidad Tot Nòrdic están ubicadas en las cabeceras de valles idílicos en las comarcas de la Cerdanya, el Alt Urgell y el Pallars Sobirà. Los circuitos de Lles de Cerdanya transcurren por frondosos bosques de pino negro, y su conexión con Aransa, también en la Cerdanya leridana, convierte este dominio en el mayor para la práctica del esquí nórdico en Cataluña, con unos 70 kilómetros de pistas. En cuanto a Sant Joan de l’Erm, que se encuentra en el Alt Urgell y dentro del Parque Natural del Alt Pirineu, es un santuario de calma rodeado de espectaculares bosques de abetos, abedules y pinos negros, y desde el refugio de la Basseta nacen rutas para perderse en medio de los ruidos del bosque invernal. Situada en la cara norte del macizo del Port del Comte, en la vertiente del Alt Urgell, y con unas magníficas vistas al Pedraforca y la sierra del Cadí, se encuentra la estación de Tuixent – La Vansa, que ofrece circuitos de todos los niveles para la práctica del esquí nórdico, mientras que, al pie de las pistas, así como en los valles y pueblos que lo rodean, pueden encontrarse servicios de primera calidad. También en el Pallars Sobirà, las pistas de Virós-Vallferrera transcurren por parajes de gran interés natural. Es un escenario idóneo para experimentar una conexión íntima con la nieve. El refugio del Gall Fer, abierto todo el año, es su epicentro. Un lugar ideal para descansar, disfrutar de una buena comida o contemplar las bellas vistas panorámicas desde el Montsent de Pallars hasta el Pui de les Ares, en la Val d’Aran.

Esquí de montaña en Colomers / Marc Codolà
Una aventura para los cinco sentidos
El invierno en la demarcación de Lleida es también una época para cuidarse mediante los cinco sentidos. Se trata de un destino ideal para las personas que buscan un turismo de bienestar que va más allá de la relajación: una oferta que abarca desde los tratamientos termales en centros especializados hasta la inmersión sensorial en la gastronomía local, con especial protagonismo de experiencias vinculadas con el enoturismo y el oleoturismo, dos de los productos estrella de la demarcación.
Los hoteles del Pirineo y de las Tierras de Lleida son alojamientos acogedores, con actividades para los más pequeños y servicios pensados para el confort de toda la familia. Para quienes prefieran una estancia más cercana a la naturaleza, las casas rurales son una opción perfecta para disfrutar de la tranquilidad y el ritmo pausado que acompaña al invierno. Por último, los campings de las comarcas pirenaicas adaptan también sus instalaciones, y disponen de bungalows con calefacción y espacios comunes cubiertos para garantizar el bienestar y la comodidad de los visitantes. Además, la proximidad a las estaciones de esquí hace que su emplazamiento sea ideal para combinar deporte de invierno y turismo de naturaleza, creando una experiencia completa y para todos los gustos.

Una vez recuperadas las fuerzas, vale la pena dejarse llevar por la riqueza de la cocina y los productos leridanos. El territorio cuenta con restaurantes de gran tradición y encantadores, que aseguran experiencias gastronómicas únicas con productos de primera calidad como carnes, embutidos y quesos. La olla aranesa, la girella, el civet de jabalí o el trinxat son solo algunos de los sabores a través de los cuales se puede conocer más profundamente el carácter singular de estas comarcas.
Por otro lado, el vino y el aceite son los dos productos estrella de las comarcas del llano, y la mejor forma de saborearlos es disfrutando de cualquiera de las rutas y visitas guiadas que ofrecen los productores de la zona. En Les Garrigues, el aceite de oliva, que cuenta con un sello D. O. P. propio, es mucho más que un producto: es parte de la identidad cultural y fuente de orgullo. El oleoturismo permite a los visitantes conectar con esta herencia, comprendiendo así el valor cultural y gastronómico que el aceite representa para el territorio. En la misma línea, Lleida ofrece una experiencia para los amantes del vino que fusiona tradición, innovación, patrimonio y paisajes espectaculares. Las bodegas de la D. O. Costers del Segre y la Ruta del Vino de Lleida acompañan al visitante en un viaje lleno de aromas, sabores y experiencias, abriendo las puertas de sus instalaciones y explicando todos los secretos que esconde la elaboración de los sus vinos.

Una inmersión cultural entre arte, patrimonio y tradiciones
Lleida ofrece una rica inmersión en cultura y patrimonio. Entre sus museos destacan el nuevo Morera, situado en la capital del Segrià y dedicado al arte moderno y contemporáneo, que conecta al visitante con las expresiones artísticas actuales y la creatividad local, y el Museo de los Vestidos de Papel de Mollerussa, en el Pla d’Urgell, que reconoce una costumbre arraigada en esta ciudad desde hace tiempo. La Segarra tiene asimismo un buen puñado de lugares que trasladan a quienes la visitan a otros tiempos. Entre ellos destacan los castillos, que antiguamente eran centros de dominios señoriales, muchos de los cuales se mantuvieron hasta el siglo xix, tales como el castillo de Florejacs, el de Les Pallargues o el de Vicfred. En cuanto a las comarcas pirenaicas, varios museos son testigo de la vida rural de otros tiempos. Uno de estos museos es el Ecomuseo de los Valles de Àneu, que se encuentra en Esterri d’Àneu, en el Pallars Sobirà, mientras que en el municipio de Vilamòs, en la Val d’Aran, una casa tradicional aranesa abrió sus puertas hace casi treinta años como Ecomuseo Çò de Joanchiquet para dar a conocer la vida de nuestros antepasados en estas montañas. Y aprovechando que nos encontramos en la Val d’Aran, es de visita obligada el Musèu dera Nhèu, en Unha, que permite conocer de primera mano cómo los vecinos de la zona han sabido adaptarse históricamente a las duras condiciones del invierno, con especial atención al deporte y al esquí.

El valle de Boí, con sus iglesias románicas declaradas Patrimonio de la Humanidad, o la imponente Seu Vella, que dibuja el perfil urbano la ciudad de Lleida, son ejemplos excepcionales del legado monumental del territorio. Destacan también vestigios de otras civilizaciones, como el poblado ibérico de los Vilars d’Arbeca, en Les Garrigues, o el pueblo medieval de Guimerà, en el Urgell, un destino mágico declarado conjunto histórico-artístico que transporta a quien lo visita a una época ya pasada.
Lleida es mucho más que un destino para gozar del deporte blanco: es una inmersión en una experiencia multisensorial en la que la naturaleza, el deporte, la cultura, la gastronomía y el bienestar se fusionan de forma armoniosa, en medio de un paisaje conectado con la gente que lo hace latir. Sus montañas, cubiertas en invierno por un manto blanco, no solo ofrecen un paraíso para los amantes del esquí y los deportes de invierno, sino que también invitan a la reflexión y a la calma. Además, la riqueza cultural y gastronómica del conjunto del territorio favorece un turismo consciente y sostenible, que puede disfrutarla en cualquier época del año.