MENORCA, mucho más que un destino de verano

Menorca es la más tranquila de las islas Baleares, que en invierno rezuma su carácter más genuino. Un destino ideal para los que buscan una experiencia auténtica y de calidad, en un marco eminentemente mediterráneo perfectamente preservado. Sus pueblos y paisajes son sinónimo de bienestar, paz y buena vida.

Menorca, la más oriental del archipiélago balear, lejos de otros enclaves más bulliciosos, ha estado siempre impregnada de una maravillosa sensación de relax. El resultado es una isla cuya abundante belleza natural ha permanecido casi completamente intacta. En una sociedad donde el estrés y la velocidad marcan el día a día, Menorca se ha convertido en un refugio ideal especialmente en invierno, invitando a respirar hondo y a adoptar un estilo de vida más pausado, genuino e ideal para desconectar. Menorca cumple con todos los criterios de Slow travel, una filosofía que ha estado presente en la génesis de las relaciones sociales de la isla mucho antes de que se acuñara el término. Incluso paisajísticamente, cada rincón parece haber sido concebido para invitar a disfrutar de su riqueza natural y de la paz que transmiten sus alojamientos, que van desde hoteles rurales hasta viviendas vacacionales, incrementado en los últimos años esta oferta deliciosa, donde el lujo ha adquirido un gran protagonismo junto con un enfoque hacia las actividades exclusivas que brindan experiencias únicas.

Sus calas y playas vírgenes son, indiscutiblemente, uno de sus grandes atractivos, pero Menorca tiene mucho más que ofrecer. Sorprende la gran diversidad de paisajes en un territorio tan pequeño, ideal para pasear, practicar deportes al aire libre, meditar… La riqueza cultural y gastronómica de la isla completan una experiencia única.

Monumento talayótico, naveta des Tudons

Reserva de la biosfera

La sostenibilidad ha sido un estandarte en la isla desde hace más de 30 años, cuando este concepto todavía no se había puesto de moda. Aun siendo un destino turístico tan importante, Menorca ha sabido mantener el equilibrio entre el desarrollo económico y el respeto por el territorio y la tradición, conservando su personalidad más auténtica. Gracias a este equilibrio, la isla es Reserva de Biosfera por la UNESCO desde hace más de 30 años. A esta distinción se sumó la de Destino y Reserva Starlight en 2019 gracias a la excelente calidad de sus cielos nocturnos, ideales para la observación de estrellas. Así, el astroturismo de la mano de guías especializados se ha convertido en una nueva opción de turismo sostenible en una isla que mantiene protegido el 66 % de su territorio.

Sorprende la variedad de paisajes de un territorio tan pequeño. En 700 km2, el territorio se divide por colores: el blanco de la arena y las rocas en las playas de la costa sur, la arena dorada y acantilados rojizos en la costa norte, el paisaje negro y casi lunar de la zona de Favàritx, el verde intenso de los barrancos y campos en el interior. La mejor forma de situarse y comprender este mosaico es visitar el Centro de Geología en Ferreries y subir al punto más alto de la isla, Monte Toro, con amplias vistas panorámicas de la costa y de los campos entrecruzdos por miles de kilómetros de muros de piedra seca.

Menorca en invierno rezuma su carácter más genuino

Los pueblos que salpican la isla invitan a visitarlos para comprovar cómo la historia ha dejado una huella diferente en cada uno. Desde el laberinto medieval de Ciutadella a la riqueza burguesa de la capital, Maó -que creció gracias al comercio naval-, pasando por los pueblos enjabelgados que estallan en un tumulto de color y ruido los días festivos veraniegos, y en remansos de paz en invierno. El pueblo de pescadores de Fornells es visita obligada, así como los encantadores Es Migjorn Gran, Ferreries y Es Mercadal. Para conocer los vestigios de la herencia británica del siglo XVIII hay que visitar Es Castell; para conocer la herencia francesa, las calles cuadriculadas de Sant Lluís, creado a semejanza de las ciudades que se desarrollaron en el siglo XIX. Alaior destaca por su oferta de arte.

Arquitectura tradicional

Un viaje a través de la historia

La ubicación estratégica de la isla en el Mediterráneo, junto con el puerto de Maó, que por su afortunada configuración natural desde el siglo III a.C. brinda abrigo a las naves que surcan el Mediterráneo, han convertido a Menorca en un enclave deseado a lo largo de la historia por numerosos pueblos, como los fenicios, los griegos, los rodios, los focenses y los cartagineses. También, fue colonia inglesa y francesa hasta 1802. Una agitada historia que ha dejado su huella en este maravilloso territorio, forjando las costumbres y tradiciones de los menorquines, y consolidando así su peculiar idiosincrasia.

La Menorca Talayótica es uno de los grandes tesoreos que alberga la isla, listada como Patrimonio Mundial de la UNESCO, está formada por una gran concentración de yacimientos prehistóricos, con un excepcional estado de conservación y unas estructuras únicas, como las navetas funerarias, las casas circulares, las taulas, los talayots y otras construcciones, que son consideradas un ejemplo excepcional de arquitectura ciclópea y su evolución durante más de mil quinientos años. Una visita al Poblado talayótico de Torre d´en Galmés, el más grande conservado en las Baleares, es imprescindible para explorar la riqueza de la Menorca Talayótica, donde además cuenta con un interesante centro de interpretación que ofrece visitas guiada muy recomendables para los neófitos.

Poblado talayótico de Trepucó

El legado de los ingleses, que controlaron Menorca durante más de 70 años, ha quedado grabado en la arquitectura, el vocabulario y la gastronomía. Además, trasformaron Maó en una fortaleza dotándolade construcciones defensivas, entre las que destaca Fort de Marlborough. Junto al castillo de San Felipe y la torre Stuart o d´en Penjat, que debe su nombre a Sir John Churchill, duque de Marlborough; dispone su planta heptagonal trazando un pequeño fuerte que albergaba varias piezas de artillería para proteger la bocana del puerto desde su zona sur.

Arquitectura colonial británica. Torre defensiva de Fornells

El Camí de Cavalls

En invierno la isla se convierte en un paraíso para los excursionistas. Un sin fin de senderos bien señalizados que serpentean a través de bosques ondulados y prados inundados de flores silvestres. Entre ellos, destaca el Camí de Cavalls, un antiguo sendero que rodea la agreste costa a lo largo de 185 kilómetros. Esta ruta ha servido durante siglos como una vía de comunicación entre las distintas torres de defensa que se construyeron para proteger la isla de posibles ataques e incursiones, son un vestigio del valor estratégico de Menorca en el Mediterráneo. A lo largo de los años, el camino ha tenido diversas funciones, adaptándose a las necesidades de cada época.

Con el objetivo de recuperar y conservar este valioso patrimonio, el Camí de Cavalls se abrió al público en 2010. Desde su apertura, ha sido incorporado a la red de grandes rutas de Europa, con el código GR-223. Este recorrido circular comienza en el puerto de Maó, y sus 20 etapas permiten a los senderistas disfrutar de un trayecto que fusiona historia, cultura y paisajes, que también se puede recorrer caballo o en bicicleta. Además, Menorca dispone de numerosos carriles bici que atraen a ciclistas de todo el mundo. Los más experimentados pueden optar por ascender al Monte Toro, la montaña más alta de Menorca, ubicada casi en el centro de la isla, desde donde se pueden disfrutar de vistas excepcionales.

Monte Toro, la montaña más alta de Menorca

Menorca es un referente del turismo activo, ofrece una amplia gama de actividades para los que buscan emoción y desafíos. Si te apasiona el mar, puedes practicar deportes acuáticos como kayak, paddle surf o buceo. Si prefieres el interior, además de poder explorarlo, como hemos comentado, en bicicleta, a pie o a caballo, hay opciones para los más audaces, como escalar rocas en áreas habilitadas o vivir una experiencia única de espeleología, adentrándote en las fascinantes cavernas de la isla. La naturaleza de Menorca es uno de sus mayores atractivos, y el turismo activo es la mejor manera de disfrutarla en todo su esplendor.

Parque Natural de la Albufera des Grau

Artesanía local .

La artesanía local es otro de los grandes atractivos de Menorca, que es conocida por su calzado de piel de gran calidad. Destacan las populares alpargatas menorquinas, que se fabrican artesanalmente en la isla desde hace siglos. Algunas de las firmas que suelen copar las principales cabeceras de moda son también menorquinas, con una larga tradición y un gusto exquisito.

Además del calzado, la artesanía local abarca objetos como vasijas, platos, sillas y joyería, siguiendo antiguas tradiciones. La cerámica es una de las más valoradas, con una historia que data del siglo II a.C. Los alfareros de la isla continúan utilizando técnicas heredadas a lo largo de generaciones, creando piezas únicas como cántaros, botijos y figuras tradicionales de las payesas menorquinas, en tonalidades ocres características.

Calle de Ses Voltes, Ciutadella.

Selecta gastronomía.

El carácter tranquilo de los menorquines también se refleja en sus productos típicos, que son el resultado de un proceso manual que requiere tiempo y dedicación. A lo largo de su historia, Menorca ha desarrollado una gastronomía propia, aprovechando al máximo los recursos locales y adaptando influencias de diversas culturas que han pasado por la isla. Esto se traduce en una experiencia culinaria rica y variada, donde es posible encontrar sabores familiares de otras tradiciones.

Cuenta con una rica tradición culinaria que combina los sabores de la tierra y del mar. Desde los humildes oliaigua -sopa de verduras- y las berenjenas rellenas, a la exquistia caldereta de langosta o la ternera de raza autóctona vermella (roja).

Gastronomía tradicional. Guiso de langosta / David Arquimbau

La inclinación de los menorquines por lo dulce se manifiesta en una amplia variedad de repostería y en la creación de diferentes tipos de pastas, tanto dulces como saladas, como los carquinyols, flaons, pastissets y amargos. La mahonesa es, sin duda, uno de los platos estrella. Los especialistas coinciden en que esta salsa tradicional se originó en la isla y se popularizó en el resto del mundo tras la invasión francesa del siglo XVIII. Una de las teorías sugiere que el duque de Richelieu la probó durante su visita a Menorca y llevó la receta a la corte francesa, donde se empezó a conocer como mahonnaise, en honor a la ciudad de Mahón.

El queso con Denominación de Origen Protegida Mahón-Menorca es otras apuesta segura. A lo largo de los años ha ganado reconocimiento internacional y ha sido galardonado en diversas competiciones.

También es posible visitar a los productores y vivir una experiencia única ilustrándose sobre el cultivo o producción de muchos de los alimentos propios de la isla. Ver el proceso de elaboración del queso, deleitarse con una cata de vinos, aceites o mieles de la tierra. Incluso puedes hacer tu propio queso y te lo envían a casa cuando ha madurado. También se pueden visitar productores de ginebra y licores, participar en un taller para hacer mahonesa de diferentes gustos,,,.El colofón perfecto a un slow travel es sin duda un slow food.

Queso con Denominación de Origen Protegida Mahón-Menorca / Solda Delgado

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Turismo de Menorca

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