Después de más de 120 años de historia a sus espaldas, el ferrocarril del Zillertal continua llevando turistas desde Jenbach a Mayrhofen en sus desvencijadas maquinas a vapor surcando los numerosos picos tiroleses
En el corazón del Tirol, uno de los nueve estados federados que integran Austria, el Zillertalbahn serpentea a través de prados abiertos, a través del pintoresco Zillertal y bajo las montañas durante 32 memorables kilómetros siguiendo el curso del río Ziller, uno de los afluentes del río Inn. Sus alegres vagones rojos y la locomotora del tren son fáciles de identificar y de oír. Su sonido resuena en las montañas avisando de su presencia, incluso varios kilómetros antes de aparecer. Sus vagones se arrastran como una oruga brillante por el fondo del valle, ofreciendo una evocadora visión del encanto distintivo de la verde campiña austriaca.

La locomotora arrastra 12 coches de época, de diferentes tipologías. Algunos cuentan con asientos de madera, otros algo más modernos, incorporan asientos de escay. La configuración, que a veces se reduce, dependiendo el número de viajeros, siempre incluye un coche abierto que suele colocarse en la mitad del convoy, y desde el cual se toman las mejores fotografías del paisaje e incluso del propio tren, cuando este toma alguna curva. En la parte final se coloca el vagón postal, que en la actualidad sirve para transportar las bicicletas. También cuenta con un vagón guardería, totalmente preparado para que los más pequeños lo pasen en grande, y un vagón restaurante que vende únicamente bebidas y snacks.
Un fuerte pitido anuncia que nos ponemos en marcha. Las bielas comienzan a moverse y el traqueteo es cada vez más evidente. Nos movemos lentamente, ya que la velocidad máxima es de únicamente 40 km/h. Cuando uno se sitúa en la cabina del conductor puede palpar las altas temperaturas, de casi 60 °C, que manan de la caldera, la cual alcanza temperaturas de hasta 400 °C. Es una calor que se hace casi insoportable cuando el fogonero se coloca los guantes abre la trampilla del horno y lo alimenta con cuatro o cinco paladas de carbón.

Los campanarios puntiagudos de las iglesias nos acompañan a derecha e izquierda durante todo el recorrido. Cualquier pueblo, por pequeño que sea, cuenta con un precioso santuario. La cúpula de Maria Brettfall destaca sobre el resto, mucho más baja, situada sobre una torre octogonal sobre una nave cuadrada que data de 1729 y sirve como parada en el Camino de Santiago para todos aquellos que lo hacen desde el Tirol.
Justo después de Fügen, el tren pasa por un imponente aserradero. Miles de troncos de abeto se extienden junto a las vías del tren, apelotonados uno encima de otro. Han llegado hasta aquí transportados mediante enormes camiones y vagones de mercancías desde las regiones circundantes y, limpios de corteza, esperan turno para ser cortados a medida. En este aserradero familiar de Binderholz se procesan cerca de 800.000 metros cúbicos de madera al año.
El tren, jadeante, va pasando por granjas solitarias, alimentado por los brazos inquietos del fogonero, cruzando campos de cultivo y verdes planicies, mientras arroja vapor blanco por encima de su enorme chimenea. Después de Kaltenbach-Stumm, las montañas parecen acercarse cada vez más hacia la vía férrea, y el valle se estrecha hasta formar un único punto en el horizonte. Cuando parece que uno esta llegando al final, la locomotora gira ligeramente hacia el oeste y el tren comienza a subir ligeramente mientras llegamos al último tercio del viaje camino a Mayrhofen, en una de las estampas más bellas del recorrido. El punto más álgido del recorrido se encuentra justo antes de llegar a la estación de Zell am Ziller, cuando el tren cruza el rio Ziller a través de un largo puente metálico de color verde. Ninguno de los que se encuentran en el vagón descubierto se pierde detalle, es uno de los momentos clave para tomar las mejores instantáneas.

Tren Cremallera del Achensee, pura nostalgia tirolesa
Desde 1889, el tren cremallera a vapor del Achensee, en pleno Tirol austriaco, recorre 6,76 km entre Jenbach y Seespitz, remontando una altura de 440 m. Utiliza el sistema de cremallera de Riggenbach en los tramos más empinados y es el más antiguo de Europa que aún funciona con vapor. Un recorrido evocador de 50 minutos que cuenta con cinco paradas y ofrece a los pasajeros una experiencia única mientras disfrutan de vistas panorámicas.
El ferrocarril del lago Achensee, inaugurado hace más de 135 años, es uno de los pocos ferrocarriles cremallera de ancho métrico que todavía funciona con locomotoras de vapor. El tren sale de la estación de Jenbach y asciende por el valle del Inntal hasta llegar al lago Achensee, el más grande del Tirol, rodeado de prados repletos de flores en primavera y de bosques frondosos nevados en invierno. La línea, con pendientes de hasta el 16%, utiliza un sistema de cremallera de Riggenbach para sortear las subidas más pronunciadas al principio del recorrido, desde las estaciones de Jenbach hasta la de Eben, lugar en el que, la locomotora se desengancha de la cola y se incorpora en la posición de cabeza para funcionar en modo tracción hasta la última estación de Seespitz, a los pies del lago Achensee. Aquí la locomotora, vuelve a desengancharse para colocarse de nuevo al frente y emprender el viaje de vuelta de Eben a Jenbach. La línea férrea únicamente funciona desde principios de mayo hasta finales de Octubre.

El Lago Achensee
Este lago, ubicado entre los macizos Karwendel y Rofan, es uno de los lagos más hermosos de los Alpes. Cuenta con 133 m de profundidad, siendo el lago más grande del Tirol. Tiene una excelente calidad de agua, y una excelente visibilidad bajo el agua de hasta diez metros. Su temperatura es baja, como suele ocurrir en los lagos de montaña, y rara vez supera los 20 °C. Sus habitantes lo llaman “el mar del Tirol” debido a su tamaño y a las condiciones de viento ideales para navegantes y surfistas.
Hace dos o tres generaciones, remar los domingos era la actividad de ocio más popular en el lago Achensee. Hoy en día, son sobre todo los aficionados al deporte los que dan forma a la imagen del lago durante todo el año con sus veleros, cometas y tablas de windsurf. La razón de ello son las condiciones ideales del viento. Por la mañana suele soplar un ligero viento del sur y por la tarde sopla un fuerte viento del norte procedente de Baviera, lo que convierte los deportes acuáticos en el lago Achensee en una experiencia divertida pero exigente. En los últimos años han surgido numerosos clubes de deportes acuáticos en torno al lago, que se ha convertido en un popular escenario de competiciones internacionales. Incluso se han celebrado campeonatos europeos y mundiales. Dado que el lago Achensee se encuentra en una reserva natural, no se permite el acceso a embarcaciones a motor que utilicen combustible.

Senderismo, de Gaisalm a Pertisau
Cuando hace buen tiempo, se puede tomar el barco hasta Gaisalm, donde comienza un hermoso sendero, nada complicado, que discurre por las orillas del lago Achensee hasta Pertisau. Gaisalm está situado en un hermoso paisaje, sobre una gran pradera de suave pendiente, a cobijo de altas paredes rocosas. Justo delante del embarcadero se ubica una especie de granjarestaurante que sirve unos estupendos platos combinados.
Teleférico de Karwendel
El teleférico de Karwendel transporta a los visitantes desde el centro de Pertisau directamente a la cima de las montañas de Zwölferkopf. La estación alpina a 1.491 metros de altura sobre el mar es un punto de partida ideal para realizar caminatas, excursiones por la montaña y rutas en btt. También es un destino muy popular para la practica del parapente. Desde esta cumbre se inicia una ruta circular de senderismo ideal para descubrir animales salvajes alpinos como liebres, rebecos, ciervos y otros tantos, sobretodo es fácil verlos a primera hora de la mañana o a ultima de la tarde.

Cueva de hielo Natur Eis Palast
Muchos de los viajeros que llegan hasta Mayrhofen aprovechan para subir en teleférico hasta el glaciar de Hintertux y visitar la imponente cueva de hielo. La entrada a esta gruta de hielo se encuentra a tan solo 3 minutos a pie de la estación superior del telesilla Glacierbus 3. Se trata de una impresionante cavidad ubicada bajo las entrañas de las pistas de esquí y que atesora mágicas estalactitas, gigantescos cristales de hielo centelleantes, cascadas heladas, e incluso un lago glaciar. Para visitarla es necesario hacerlo a través de una visita guiada.
