A tan solo unas horas de vuelo desde las principales ciudades europeas, encontramos Dakhla, la perla desconocida de Marruecos.
Ubicada en el sur de Marruecos, es un pequeño pedazo de paraíso, entre las aguas del Atlántico y las arenas del Sahara. Kilómetros de playas se extienden de un lado a otro de la ciudad. Dakhla nos ofrece una oportunidad para relajarse, una oportunidad para disfrutar de todo tipo de actividades acuáticas y en definitiva una oportunidad para disfrutar de una naturaleza en todo su esplendor.
Dakhla nos invita a relajarnos en el borde de su laguna, Pero Dakhla también es aventura, puerta del desierto, la ciudad se abre a la inmensidad del Sahara, en cuanto al océano que la bordea, no sólo es bueno nadar allí, sino que también es agradable descubrir las riquezas que esconde.

Estas costas están entre las más bellas de Marruecos con playas como la de Puerto Rico o el Puertito que nos invitan al relax. Aislados del mundo por el desierto circundante, son un verdadero remanso de paz, el lugar ideal para disfrutar del sol de 25 grados durante todo el año con uno de los mejores rangos de viento del mundo. Esas condiciones nos permiten tener una temporada larguísima con garantías de poder practicar diariamente deportes acuáticos como el katesurf, surf, windsurf, pesca o navegar tranquilamente en kayak entre otros. Entre todas, destacamos la playa de Foum El Bouir, considerada por surfistas, kitesurfistas o windsurfistas como uno de los lugares más bellos del mundo donde practicar estos deportes. Desde 2014, la ciudad está clasificada como la número uno del mundo en deportes acuáticos.
Dakhla.
Una ciudad cargada de historia. Perteneció a la antigua colonia española del Sahara Occidental hasta que un 12 de enero de 1976, la bandera de España se arrió por última vez en Villa Cisneros, ciudad hasta entonces perteneciente al llamado Sáhara español. En ese día se puso fin a 91 años de presencia española ininterrumpida en esta región africana, hoy Villa Cisneros se conoce como Dakhla y se encuentra bajo administración marroquí.
De la antigua etapa como colonia española, solo quedan dos edificios. Uno es el faro de Arciprés Grande, situado en la carretera de la costa atlántica, en dirección al norte de la península de Río de Oro. El otro edificio que encontramos en el centro de la ciudad y en perfecto estado es la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, levantada por los españoles residentes en aquella época y que al dia de hoy aun mantiene su actividad litúrgica unos pocos días a la semana destinada al reducido grupo de fieles católicos que aún perviven en su Villa Cisneros.
50 años después, Ryanair ha abierto una nueva ruta aérea que conecta de nuevo este territorio con Madrid, estableciendo una ruta directa entre ambas ciudades, en la actualidad ofrece dos vuelos ida y vuelta semanales.
Independientemente de estas dos edificaciones del antiguo protectorado español conjuntamente con un antiguo cuartel de la Legión hoy ocupado por las Fuerzas Armadas Marroquíes y algunas antiguas alcantarillas originarias de la época colonial, son los únicos testimonios de una época en la que durante mucho tiempo, Villa Cisneros constituyó la única presencia española en el territorio saharaui.

En la actualidad, Dakhla se ha convertido en una ciudad moderna basando su crecimiento en la industria portuaria, agrícola, residencial y turística, apoyándose en las abundantes playas que la rodean así como otros atractivos turísticos, una ciudad moderna, donde hay oficinas para cambiar dinero, cajeros automáticos, un hospital, supermercados, mercado semanal, y tiendas de costura donde pueden repararte la cometa del Katesurf al momento si has tenido algún percance y disfrutar de sus amplias avenidas y paseo marítimo.
En su paseo marítimo, encontraremos el centro artesanal. La riqueza cultural de Marruecos también proviene de su artesanía tradicional, varios y múltiples materiales son finamente trabajados a mano o con máquinas y herramientas que han permanecido en gran parte tradicionales, para hacer objetos decorativos y cotidianos. Arte de la mesa, muebles, joyas, alfombras y ropa lo podremos encontrar en los diversos talleres y donde contemplaremos la destreza de joyeros, bordadoras y marroquineros locales. Pero como cualquier ciudad árabe, Dakhla también te invita a pasear por su zoco donde descubriremos rincones en los que palparemos la simbiosis de sus comercios con su sinfonía de colores y aromas y su herencia cultural, un espacio donde conviven las maneras de ser marroquí y saharaui a la vez. Un espacio que gracias a la diversidad de procedencia de sus comerciantes, es un espacio vivo de la ciudad.
Y por último, en Dakhla podremos degustar su excelente gastronomía con platos típicos marroquís como el couscous, variedad de tajines o el marou bellagh en su amplia oferta de restaurantes así como también una gastronomía basada principalmente en productos del mar. Toda clase de pescados, marisco, pulpo y todo al mejor precio. Pero si en algo destaca en especial Dakhla es por sus ostras.

Un manjar que no solo se consume en Marruecos sino que se ha convertido en una de las exportaciones más importantes de la región, con destino principalmente a restaurantes europeos de alta calidad e incluso a Japón. Toda la recolección se realiza a mano, con gran cuidado para salvaguardar la seguridad de las ostras procedentes de sus parques ostrícolas y donde se ha convertido en una actividad tradicional de la ciudad,. Aun así, los cultivadores locales están trabajando para aumentar el interés marroquí por este manjar. La ubicación tiene sentido; dado que la laguna es un área protegida, donde el agua y el medio ambiente circundante son extremadamente limpios.
La ceremonia del Té
La preparación del té se ha convertido en un elemento cultural que remarca la singularidad del pueblo saharaui. Los caminos de una población nómada del Sahara Occidental y un té verde de China se han cruzado permitiendo el nacimiento del té saharaui. Los rituales para su elaboración y las costumbres que lo rodean lo han diferenciado de otras variedades de té árabe, lo han convertido en único en el mundo e imprescindible en la vida diaria de este pueblo.
El té saharaui ocupa el centro de los encuentros familiares y de amigos. Es el que recibe a los invitados, el que acompaña a los solitarios y testigo de los secretos mejor guardados. La generosidad de los saharauis es bien conocida por los que visitan la zona y tienen la oportunidad de degustar este té verde moruno que puede estar acompañado de dátiles, frutos secos e incluso de algunas pastas de té o dulces artesanales si la ocasión lo permite.
El Al-Qayyam, elegido por la comunidad por linaje y prestancia física, es el encargado de oficiar este ritual ancestral. La ceremonia del té se desarrolla en tres actos, cada uno representado por un vaso con su propia personalidad: el primero, amargo como la vida misma; el segundo, dulce como el amor; y el tercero, suave como la muerte. El tiempo entre un vaso y otro es tan impredecible como las tormentas del desierto. Vendrá marcado por las conversaciones de los participantes, por la soltura del Al-qayam para remover el té de un vaso a otro y por el desarrollo del encuentro.

Existen diferentes posibilidades de alojamiento en Dakhla, desde complejos hoteleros y resorts todos ellos con una especial sensibilidad por el medio ambiente y donde disfrutarás de la hospitalidad marroquí en todo su esplendor, a campings o lugares gratuitos preparados para pernoctar con furgoneta o auto caravana y en los que dispondrás de agua y donde no hay que preocuparse por la seguridad.
La mayoría de esta oferta hotelera la encontraremos ubicada a pie de playa, donde los vientos son menos racheados y donde la calidad de los hoteles está más que contrastada. Complejos donde saldrás descalzo desde la habitación para navegar en la laguna, hacer un downwind a la Laguna Blanca que no te dejará indiferente, así como también acercarte a la ciudad de Dakhla, que tendrás a muy pocos kilómetros.
“Dakhla te invita a disfrutar de los encantos de la perla desconocida de Marruecos”
Naturaleza
Para los amantes de la naturaleza, el Parque Nacional de Dakhla y su espléndida laguna de cálidas aguas turquesas, con sus más de 180 kilómetros cuadrados, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y aunque la aridez del paisaje puede llevar a engaño, las aguas de la bahía esconden un vibrante y rico ecosistema. Es el hogar de aves migratorias que pintan el cielo al atardecer, flamencos rosados, tortugas, focas monje, rayas y delfines jorobados. En definitiva, un refugio de la vida salvaje que sorprende a cualquier visitante.
Si nos desplazamos hasta extremo meridional de la península llegaremos a Punta Sarga, donde tendremos el mejor observatorio natural privilegiado para contemplar la abundante fauna que puebla estas aguas. Pero también Punta Sarga nos mostrará un espectáculo inolvidable. Un lugar que cobra vida con la salida del sol con centenares de embarcaciones pesqueras de mil colores que se lanzan al mar para la faena diaria.

La Duna Blanca
Entre el mar y el desierto y dominando toda la bahia tenemos la Duna Blanca. Una duna de arena fina y blanca que como una lengua de arena que a merced de las mareas que periódicamente queda aislada entre medio de las aguas. Llegar es una pequeña excursión que se realiza en coches 4×4 bordeando dunas y arenales, o bien por vía marítima hasta la misma orilla de la duna. Por su altura ofrece unas magnificas vistas que son el deleite de los fotógrafos. Desde este mirador se nos ofrece otra vista a un magnifico punto de interés, la Isla del Dragón que debe su nombre a su perfil particular, la silueta de un dragón dormido, isla a la que se puede acceder libremente usando unas lanchas lanzaderas que salen de los resorts y centros de deportes náuticos ubicados en la costa.
El Gran Sahara
Si optamos por una aventura en el interior, Dakhla es considerada como la puerta del gran desierto del Sahara. Es entonces cuando el Sahara y sus misterios se te revelan. Una opción es montarse en un vehículo 4×4 donde se experimenta la velocidad a través de las dunas, pero la otra opción mucho más tranquila es a lomos de un dromedario o a lomos de un esbelto caballo de raza árabe-bereber a la manera de los antiguos beduinos. Sera durante este recorrido que nos fundiremos con el paisaje infinito a través de las dunas doradas cuando el sol ya se pierde por el horizonte en unos atardeceres mágicos y escuchar el silencio mas absoluto.

Una vez nos adentramos en el desierto, a media hora en 4×4 de Dakhla, la naturaleza nos sorprende con la fuente de Asma, un manantial de agua caliente natural, un lugar muy popular entre los turistas que vienen por sus aguas termales a 38ºC, provenientes de un pozo de aproximadamente de 700 metros de profundidad o por ejemplo Imlili, un oasis ancestral. Las piscinas de Imlili realmente nos sorprenderán por las características especies que viven en ellas.
El oasis de Imlili posee numerosas lagunas de mediana dimensión donde podrás presenciar un fenómeno único en el mundo, ya que son el extraño hábitat en el que sobreviven peces de origen ancestral.
Y por supuesto, Una de las razones por las que elegir este lugar son sus espectacular amaneceres y las puestas de sol tan especiales que se viven en este lugar, para muchos de las más bonitas de Marruecos, todo un viaje sensorial que no nos va a dejar indiferente.
