Las Islas Feroe son la joya escondida del océano Atlántico: tan pequeñas en su tamaño, tan grandes en lo que les bridan a sus visitantes. Lo cierto es que cada año que pasa, estas islas reciben más y más visitantes. Repiten aunque no encuentren playas soleadas y calurosas. ¿Me pregunto… que les atrae? Será por su capacidad de única para convivir entre tradición y la modernidad. Son el hogar de una rica cultura donde la vida moderna coexiste con el tradicional folclore medieval y con frecuencia, hasta mezclados a la vez.
Frailecillos, pueblos con casas cubiertas de hierba, gigantescos acantilados, ruinas de templos góticos, antiguas iglesias medievales, vistas 360º al Océano Atlántico, granjas, pequeños edificios de colores, algunas de las cascadas más bellas de Europa y sobre todo, miles de ovejas y verdes praderas.
Este archipiélago de 18 islas, tan pequeñas que podrían pasar desapercibidas y a veces olvidadas hasta por lo mapas en el Atlántico Norte, es un territorio autónomo dentro del reino de Dinamarca y se está posicionado rápidamente como una nueva frontera para los viajeros gracias a paisajes que desafían la lógica de la geografía (lagos al borde de un acantilado) y poblados tradicionales de casas con techos de hierba.
Por este motivo, visitar a las Islas Feroe es una experiencia que difícilmente se olvida. Son un paraíso para los amantes de la naturaleza, donde se encuentran paisajes espectaculares que parecen sacados de un cuento de hadas: montañas verdes, cascadas cristalinas, fiordos impresionantes y acantilados que se elevan sobre el océano.

Otro atractivo es la posibilidad de realizar actividades al aire libre como senderismo, pesca, paseos en barco y observación de aves. En las Feroe viven casi el doble de ovejas que de personas, pero se disputan el título de especie animal más amada de la nación con pájaros tan particulares como los alcatraces y los tiernos frailecillos.
Explorando las principales islas…
STREYMOY
La mayor de todo el archipiélago, encontramos Torshavn, la capital de las Feroe. Se jacta de ser una de las capitales más pequeñas y encanradoras de Europa, con solo 13.000 habitantes y cinco semáforos,. El nombre de la ciudad proviene del nórdico antiguo y significa “Puerto de Thor”, en honor al dios del trueno de la mitología nórdica. Este nombre pagano indica que Tórshavn fue fundada antes del año 1000 y tiene su origen en enclaves vikingos, en torno a esta fecha llegó el cristianismo tambien a estas islas.
La ciudad se desarrolló alrededor de la península de Tinganes, donde se encuentra uno de los parlamentos más antiguos del mundo y que ocupa el mismo sitio original que las asambleas vikingas utilizaron hace un milenio.

El centro histórico de Tórshavn es pintoresco, concasas de madera de tejados cubiertos de hierba para protegerse del clima. Lugares destacados incluyen el barrio histórico de Undir Ryggi, los edificios gubernamentales en la península de Tinganes, el puerto pesquero, la Catedral de Tórshavn que fue reconstruida en el siglo XIX. Las boutiques locales llenan Niels Finsens gøta, la calle principal de compras. Al norte, el centro cultural Nordic House ofrece actuaciones de teatro, danza y música en un espacio contemporáneo.
En Torshavn también encontramos la fortaleza histórica de Skansin. Esta se encuentra en una colina junto al puerto de Tórshavn. El fuerte fue construido en 1580 por Magnus Heinason para proteger la ciudad de los ataques piratas, después de que él mismo casi fuera atrapado en uno de ellos. El fuerte se amplió considerablemente en 1780 y sufrió una serie de reconstrucciones durante muchos años.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el fuerte sirvió a Gran Bretaña como base militar después de la ocupación británica de las Islas Feroe en abril de 1940. Dos cañones de 5,5 pulgadas datan de la ocupación británica, junto con muchos cañones daneses más antiguos.
Sobre la fortaleza, encontramos el faro de Skansin que también señala el camino hacia la capital. La ubicación estratégica del fuerte ofrece vistas del puerto de Tórshavn, el paisaje circundante y vistas hacia la isla de Nólsoy.

Al sur de la isla está Kirkjubøur. Una ciudad que no podemos dejar de conocer y pasear por las calles que fueron el centro del poder político y religioso de las Feroe durante la Edad Media y donde se encuentra la casa de madera habitada más antigua del mundo.
Saksun, el pueblo de los enanos, donde su entorno es remoto y las casas, con sus obligatorios techos de hierbas, parecen el hogar de alguna raza de enanos forjadores de anillos mágicos. Tjornuvik, una aldea al final del camino en la isla de Streymoy. La vista del pueblo rodeado por el fiordo desde la ruta no tiene desperdicio. De hecho, el cerro de Hægstafjall (470 m) cae casi hasta la playa, dejando poco espacio para el pueblo, que cuenta solo 70 habitantes.
VÁGAR
Para llegar a la isla de Vágar, deberemos cruzar un largo túnel submarino proveniente de Streymoy. Vagar es conocida por el famoso lago de Sørvágsvatn. Envuelto en un mar de acantilados, cascadas y precipicios, es el lago más extenso de las islas Feroe, donde parece flotar por encima del océano. Esta ilusión óptica, junto a la cascada de Bøsdalafossur, por la que el lago vierte sus aguas al mar y en la que hay que afinar la vista y asomar la cabeza sobre el precipicio para poder apreciarla, es una de las atracciones naturales más fotografiadas de las Islas Feroe. Los visitantes pueden realizar senderismo alrededor de la laguna, sumando una experiencia inolvidable a su viaje por las Feroe.
En Vagar también encontramos el pequeño pueblo de Gasadalur con su famosa y a la vez inusual cascada, Mulafossur, uno de los lugares más reconocidos y fotografiados en las Islas Feroe. El zumbido del mar al impactar en el interior de la caverna es ensordecedor y durante las tempestades, los fuertes vientos hacen retroceder el chorro de agua ofreciendo un bonito espectáculo audiovisual. Es el final abrupto para el río Dala que desagua en el mar.
A las Islas Feroe no le faltan paisajes dramáticos para ambientar series épicas. Uno de los tantos es Trøllkonufingur, que se traduce como “el dedo de la mujer troll”. Este pilar de roca de 313 metros de altura se eleva en la costa sureste de la isla de Vágar.

EYSTUROY
El punto de partida para la isla de Eysturoy es Oyrarbakki junto al puente que une Stremoy y donde se encuentra la gasolinera donde confluyen una gran parte de los caminos. Eysturoy es la segunda isla en tamaño y población del archipiélago. Extendida en un extremo del valle de Ambadalur, al norte en la isla, se encuentra la diminuta aldea de Gjóvn. Cuenta con una iglesia a orillas del mar y las tradicionales casas de madera con techos de turba y hierba, por lo que –según los mismos feroeses- es una de las aldeas con más atmósfera de las islas. En el pueblo también encontraremos uno de los mejores puertos naturales en las Islas Feroe, el cual desde tiempos remotos, ha subsistido por la venta de pescado seco y salado.
Pero Gjogv también es un pueblo desgarrado por la geografía. Mirando con atención a Gjogv, pareciera que una mini placa tectónica se hubiera abierto en medio de su caserío. Y es que Gjogv se asienta a ambos lados de una garganta de 200 metros de longitud.
Situados en la costa, en el extremo norte de la isla se alzan las formaciones de basalto Risin y Kellingin. Son dos impresionantes pilares dentro del mar. Según la tradición popular de las Islas Feroe, Risin y Kellingin se traducen como ‘el Gigante y su Esposa’ o ‘el Gigante y la Bruja’. Dos formaciones en forma de pilares marinos que son fascinantes no solo por su paisaje, sino también por su leyenda. Según esta, en tiempos antiguos, los gigantes querían arrastrar las Islas Feroe de vuelta a Islandia con una cuerda. Finalmente, llegando al extremo norte de Eysturoy, a solo cientos de metros del pueblo de Eiði, uno de los gigantes lanzó la cuerda hasta la cima de un acantilado, y una bruja la ató al suelo. Entonces, la cima del acantilado se agrietó, y se formó una profunda fisura que todavía es visible hoy en día. Después de varios intentos fallidos, amaneció. Los gigantes intentaron protegerse del sol, pero quedaron petrificados, convirtiéndose en dos pilares de roca marina y mirando hacia Islandia a través del océano.

Además de la gran vista hacia las dos formaciones rocosas en el mar, muy cerca tenemos Eiði. Un pintoresco pueblo donde también puedes encontrar el famoso estadio de fútbol ubicado junto al Océano Atlántico. Cerca, puedes visitar el Lago Eiði, la Cascada Fossá, la Iglesia de Funningur, o hacer senderismo en Slættaratindur, la montaña más alta de las Islas Feroe, a solo un corto trayecto en coche desde Eiði.
BORDOY
Es la isla más grande de las denominadas islas del norte y es conocida por su belleza natural, esta isla ofrece una gran variedad de paisajes impresionantes. Desde sus imponentes montañas hasta sus pintorescos fiordos, Borðoy cautiva a los visitantes con su encanto único. En Bordoy, ubicada a orillas de la bahía, situada en un entorno espectacular, tenemos la pequeña ciudad de Klaksvík a la que llegaremos cruzando el túnel submarino de Norðoyartunnilin. Aún así, es la segunda más importante y de mayor tamaño de las islas Feroe. Esta ciudad tiene una fuerte conexión con su cultura pesquera, que representa la principal actividad económica. Es la base perfecta para explorar las islas del este, ya que cuenta con todos los servicios necesarios. Uno de sus mayores atractivos son los vestigios de las aldeas vikingas que se asentaron en ella en sus orígenes, hoy convertidos en un importante centro arqueológico. Su monumento más conocido es Christianskirjan, una iglesia del siglo XX que está inspirada en la arquitectura tradicional de las Feroe. También se puede visitar el museo de Norðøyar, donde hay una amplia exposición de fotografías antiguas con las que se explican los orígenes del lugar; u optar por una excursión a Viðarlundin úti í Grøv, un bosque con restos de viviendas vikingas en unos parajes que no se olvidan.
Después de este pequeño repaso a lo más imperdible de estas islas, hay muchas más experiencias que merecen la pena ser vividas en las Islas Feroe, y que no son un paisaje o un pueblo puntuales.

La cultura feroesa es rica y fascinante, y hunde sus raíces en la cultura nórdica. Durante largo tiempo las islas Feroe han estado aisladas de las fases y movimientos culturales que se han extendido por Europa, lo que significa que han conservado gran parte de su cultura tradicional autóctona. Se puede conocerla explorando otras pequeñas aldeas pintorescas y conocer de cerca la vida rural de este archipiélago a través de su música, sus tradiciones y su gente amable y acogedora..
Y si el hambre aprieta, la gastronomía feroesa, también tiene sus especialidades. Me refiero a comer su carne más preciada, el cordero al estilo que mejor refleja la gastronomía rústica tradicional, el Skerpikjot o cordero fermentado. También podemos tomar asiento en Barbara’s Fish House en Torshavn y degustar alguna de las especialidades de salmón o bacalao.
Y por último, hacer amigos, las islas son famosas por sus paisajes, pero cualquiera de los festivales locales es una oportunidad para unirse a la charla y a la cerveza. El más famoso es el Ólavsøka, o día de Saint Olaf, rey noruego que se convirtió al cristianismo, que se celebra cada 29 de julio. En esa fecha hay todo tipo de actividades en las calles y los feroeses salen con sus trajes típicos.
Las gentes de las Feroe son un pueblo con duende. Un pueblo que alberga en su interior recuerdos de tiempos remotos, antiguas experiencias y viejas historias.
