GRECIA. Un recorrido por la Grecia Clásica a bordo del crucero Harmony V de Variety Cruises.



Un crucero en el que la historia y la naturaleza convergen en un paisaje de islas volcánicas, ruinas milenarias y aguas azules infinitas. Desde las calles empedradas de Mykonos hasta los atardeceres dramáticos en Santorini, cada destino atestigua una parte del tesoro que conforma la Grecia Clásica.

Un crucero en el Harmony V no es un crucero cualquiera. La naviera Variety Cruises, destaca por ofrecer experiencias de crucero que combinan intimidad, autenticidad y un enfoque personalizado. Uno de sus buques insignia, el Harmony V es un yate boutique que mide aproximadamente 55 metros de eslora y puede acomodar a unos 49 pasajeros en sus 25 elegantes cabinas. Su diseño combina la tradición náutica con toques modernos, creando un ambiente acogedor y sofisticado. La capacidad limitada garantiza una experiencia más personalizada, permitiendo a los pasajeros disfrutar de un servicio atento y cercano muy alejado del turismo de masas que podemos encontrar en otro tipo de cruceros. El restaurante a bordo, de estilo elegante y acogedor, ofrece una variedad de platos internacionales y locales preparados con ingredientes frescos de alta calidad. La cocina está dirigida por cocineros que saben maridar sabores tradicionales griegos con toques contemporáneos, garantizando una experiencia culinaria memorable en cada comida.

Turistas en el Harmony V.

Atenas, inicio de la ruta.

Atenas, y más concretamente la Marina Zea, es el inicio de esta ruta, y antes de partir es necesario deambular algunos días por la capital griega, donde el pasado y el presente se entrelazan en cada rincón con una mezcla insuperable de ruinas antiguas, barrios modernos y una cultura vibrante que la convierte en única.

La Acrópolis, símbolo indiscutible de Atenas, se alza majestuosa sobre la ciudad, ofreciendo una vista panorámica que cautiva a todos sus visitantes. Este complejo arqueológico alberga el Partenón, un ícono del arte y la arquitectura clásica cuya majestuosidad trasciende los siglos. Pasear por sus ruinas es sumergirse en la historia de la antigua Grecia y comprender el legado que ha dado forma a la civilización occidental tal y como la conocemos hoy en día. A pocos pasos de allí, se encuentra el Ágora romana, un antiguo centro político y social donde se discutían las ideas y decisiones que regían en aquella época. Hoy en día, sus columnas y restos arqueológicos ofrecen una ventana al pasado imperial de Atenas, complementando perfectamente la experiencia cultural.

Partenón en Atenas.

Para quienes buscan sumergirse en el ambiente local y más bohemio, la plaza Monastiraki es imprescindible. Con su bullicioso mercado, cafés tradicionales y vistas impresionantes a la Acrópolis iluminada por la noche, esta plaza armoniza a la perfección lo antiguo con lo moderno. Es el lugar perfecto para degustar sabores griegos auténticos, comprar artesanías o simplemente disfrutar del ritmo vibrante de Atenas. Varios rooftops se apelotonan en las inmediaciones, todos con buenas vistas a la plaza. Son el lugar adecuado en el que tomar una copa antes de cenar, mientras cae el atardecer al fondo, sobre la Acrópolis, y las primeras luces de la ciudad comienzan a encenderse.

Museo del Partenón.

Poros y Metana, esencia del verano griego.

Nuestra primera escala nos lleva hasta la playa de Megalo Neorio en la pintoresca isla de Poros, una playa que captura la esencia del verano griego con su belleza serena y un ambiente sosegado. El lugar se distingue por sus aguas cristalinas, de tonalidades turquesa que invitan a nadar y a sumergirse en sus aguas cristalinas. La arena suave y dorada, junto a las rocas escarpadas que rodean la bahía, crean un escenario idílico para tomar el sol, practicar snorkel o simplemente disfrutar del sonido relajante de las olas. Levantamos anclas y cruzamos el estrecho que separa Poros de la Grecia continental. Desde el Harmony V se nos abre una hermosa estampa del ajetreado puerto de Poros, con decenas de yates amarrados junto a las típicas casas blancas y bajo su impresionante reloj colonial que domina el skyline.

A Metana llegamos a última hora de la tarde. Lo que hace especial a esta ciudad del Peloponeso es su carácter auténtico y poco desarrollado. Aquí no encontrarás grandes resorts ni aglomeraciones; en cambio sí, pequeños cafés familiares y tabernas tradicionales que ofrecen platos caseros con ingredientes locales, que van desde pescados frescos hasta verduras cultivadas en la región. La hospitalidad griega se siente en cada rincón, haciendo que cada visita sea cálida y memorable.

Miconos.

Ermioni, un oasis en el Peloponeso.

A la mañana siguiente atracamos en el puerto de Ermioni. Rodeado de casas blancas y callejuelas empedradas, su puerto es el alma del lugar. En la costa, los barcos tradicionales se balancean suavemente en las aguas cristalinas del golfo Argólico, mientras, en el interior se vislumbra un escenario apacible para pasear, tomar fotos o disfrutar de un café en uno de sus acogedores cafés junto al mar. La atmósfera tranquila invita a desconectar y sumergirse en la vida cotidiana de esta comunidad costera cuya gastronomía, también a base de pescados frescos y mariscos, se transmite de generación en generación. Una vez regresamos a bordo, nos espera una cata de cócteles griegos que sorprende por sus afrutados sabores.

Ruinas de Delos.

Delos, arqueología en estado puro.

Sin apenas espacio para el relax, llegamos a primera hora del tercer día a Delos, uno de los lugares arqueológicos más impresionantes y enigmáticos de Grecia. Considerada por la mitología como el lugar de nacimiento de Apolo y Artemisa, esta pequeña isla deshabitada desde hace siglos revela un pasado glorioso que todavía fascina a viajeros y estudiosos por igual. Las ruinas de templos antiguos, teatros, casas y estatuas dispersas por toda la isla ofrecen una visión fascinante de su antigua grandeza. Pasear entre los restos de sus columnas y mosaicos es como caminar por un museo al aire libre, donde cada rincón cuenta una historia de poder, devoción y cultura.

Miconos, donde el lujo y la tradición se encuentran.

Por la tarde recalamos en Miconos. Conocida mundialmente por su energía contagiosa, sus playas de ensueño y su vida nocturna inigualable, Miconos es mucho más que un destino de fiesta; es un santuario de belleza natural, cultura y sofisticación en el corazón del archipiélago de las Cícladas. Al pasear por sus calles estrechas y empedradas, trufadas de casas blancas y puertas azules, uno siente que ha entrado en un escenario sacado de una postal. Los molinos de viento, símbolo icónico de la isla, dominan el horizonte y ofrecen vistas impresionantes al atardecer. Es justo en estos momentos mágicos cuando Miconos revela su lado más romántico y contemplativo.

Santorini, la joya volcánica del Egeo.

Todo el mundo esperaba con devoción llegar a Santorini, el plato fuerte de la travesía. Por la mañana habíamos atracado en Trisklísies Bay, en la costa norte de la isla de Ios, para poder bañarnos completamente solos.

Con sus icónicas casas blancas, cúpulas azules y acantilados que se despliegan sobre el mar Egeo, Santorini es toda magia. Sus callejuelas, salpicadas por las cúpulas de pequeñas iglesias ortodoxas, invitan a pasear sin rumbo, descubriendo pequeñas tiendas de artesanía, cafés con terrazas panorámicas y rincones llenos de encanto. La puesta de sol en Fira, cuando el cielo se tiñe de tonos dorados y rosados, es un momento mágico que atrae a parejas y viajeros en busca de momentos inolvidables. Las selfies suelen ser el mejor recuerdo, aunque a veces cuando coinciden varios de los macro-cruceros, conseguir una buena instantánea puede convertirse en una ardua tarea.

Fira.

Rétino, Citera, Monemvasía y Nauplia, últimas escalas del crucero.

Al día siguiente por la mañana el Harmony V llega a Rétino, enclavada en la costa sur de Creta, Rétino es una de esas regiones que todavía conservan ese aire de misterio y autenticidad que muchos viajeros buscan en sus aventuras. Aunque no siempre aparece en las listas de destinos más populares, cuenta con un encanto especial. Al recorrer sus calles, uno puede sentir la historia que respira en cada rincón. Su fortaleza veneciana, rodeada de muros que parecen haber resistido siglos de historia, ofrece vistas impresionantes del mar y del puerto antiguo. Desde allí, el aroma de la comida local y el sonido de las olas crean una atmósfera que invita a quedarse un rato más, disfrutando de un café o de un plato de moussaka en alguno de sus bares tradicionales.

Por la tarde nos espera un espectáculo de danzas típicas griegas en el que algunos de los viajeros se animan a bailar, sobretodo los que previamente se habían atrevido con el Ouzo, la bebida típica nacional de griega, un licor de hierbas que puede alcanzar los 50º y del que dicen, es capaz de eliminar cualquier parasito vivo del estómago con un solo trago.

Danza tradicional.

A Citera llegamos el sexto día. Ubicada entre la península del Peloponeso y las Cícladas, es otra gran desconocida del candelero griego. Aquí, la vida transcurre con calma, y los locales, amables y hospitalarios, comparten con orgullo las tradiciones y sabores de la isla. Es conveniente subir hasta su fortaleza que data de la época veneciana, conocida como el castillo de Panagia Myrtidiotissa. Situado en una colina con vistas al mar, este castillo fue construido para proteger la isla de invasiones y ataques piratas y desde él se obtienen unas increíbles vistas de la bahía.

Ya con el ocaso, llegamos a Monemvasía, una villa medieval enclavada en un promontorio en la costa este del Peloponeso, que parece recién salida de un cuento de hadas. Uno de los puntos más destacados de la zona es la iglesia ortodoxa de Panagia Myrtidiotissa. Situada en un acantilado con vistas impresionantes al mar, es todo un símbolo de devoción.

El ultimo día de crucero, antes de volver de nuevo a Atenas, llegamos a la pintoresca Nauplia, una ciudad costera desconocida para muchos, pero que cuenta con muchos atractivos que ofrecer. Nauplia fue una de las primeras capitales de Grecia moderna y todavía conserva vestigios de su pasado, como la fortaleza de Palamidi, que domina la ciudad desde lo alto y ofrece unas vistas espectaculares. Pasear por sus calles empedradas es como volver al pasado, con sus casas todavía pintadas de colores vibrantes, pequeñas plazas repletas de cafés y tiendas tradicionales. Incluso cuenta con una playa, la de Paralia arvanitia, de aguas turquesas, ideales para un último chapuzón.

Agios Nikolaos.

Parga, uno de los pueblos costeros más bonitos.

La Grecia peninsular, también cuenta con otros atractivos turísticos no demasiado masificados en verano ideales para descubrir. Uno de ellos es Parga, situada en la pintoresca región de Epiro, en la península del Peloponeso. Sus aguas cristalinas y sus playas de ensueño, como Valtos, con su arena dorada y aguas sosegadas, invitan a relajarse y disfrutar del sol. Para los amantes de la aventura, las calas escondidas y las pequeñas bahías ofrecen un escenario perfecto para practicar snorkel, kayak o simplemente explorar en barco. La costa está salpicada de rincones secretos que parecen reservados solo para quienes se aventuran a descubrir sus tesoros escondidos. Desde la fortaleza, se puede disfrutar de una vista panorámica que abarca el mar, las islas cercanas y el pueblo, creando un paisaje idílico, aunque para sublime, la ermita de Panagia, situada en una diminuta isla frente a la misma costa, a la que incluso de puede llegar nadando o en barca.

Meteora, enclavado en el cielo.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Meteora representa uno de los paisajes más impresionantes y enigmáticos de Grecia. Situada en la región de Tesalia, en el centro del país, esta formación rocosa de pizarra y arenisca se eleva abruptamente del paisaje, alcanzando alturas que superan los 600 metros, en las que algunos monjes en el siglo XI erigieron monasterios ortodoxos. La razón de elegir un lugar tan inexpugnable, no era otra que situarse a refugio de saqueos y guerras. Para que resultaran más inaccesibles, había que subir hasta ellos por escaleras de cuerda o en rudimentarios montacargas de polea. Hoy Kalambáka, Ágios Nikólaos, Varlaám o Mégalo Metéoro (monasterio de la Transfiguración) son mucho más accesibles debido a la construcción de caminos y carreteras y su visita representa el colofón perfecto a este increíble viaje.

Harmony V en Nafplion.

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