PEKÍN. A la vanguardia de Asia.

Totalmente regenerada, después de recibir inversiones astronómicas desde que albergo las XXIX Olimpiada de la era moderna, la capital de China se ha ido transformando hasta consolidarse en la actualidad como una de las urbes más punteras del planeta

La capital del país más poblado del mundo (aproximadamente 1.300 millones de personas) ha servido de inspiración a numerosos cineastas y literatos. Boris Vian, Nicholas Ray, Bernardo Bertolucci, Amy Tan……. Son algunos de los muchos creadores que han sido atrapados por la magia que emana está legendaria ciudad, ambientando sus obras en ella. Al Pekín clásico se le han sumado toda una serie de trasformaciones que la han convetido en una ciudad que mira con descaro al futuro, que a buen seguro seguirá inspirando películas y libros de prestigiosos autores; poner un pie en sus calles, es perderse entre una multitud de 15 millones de personas saboreando una impresionante fusión de tradición y modernidad que sorprende al viajero por su escala monumental. La tradición se puede observar en su gran legado histórico y la disposición del entramado urbano antiguo; siguiendo directrices del “fengshui” se distribuye en cinco anillos concéntricos atravesados por 30 vías radiales que vertebran unos 4.000 hutongs (callejones). Y la modernidad se percibe con contundencia por las obras visionarias levantadas por prestigiosos arquitectos contemporáneos en avenidas flanqueadas de rascacielos.

Dongsanhuan Beilu.

Aires futuristas

Se ha dotado a la ciudad de grandes infraestructuras, que sumadas al trabajo realizado por el mar de grúas que cubre los tejados de Pekín desde hace más de una década, han generado una metamorfosis urbana brutal. Los barrios humildes (hutong) están desapareciendo, reubicando a sus moradores en insípidos bloques de la periferia, y en su lugar surgen centros comerciales y modernas arterias. Desde julio de 2001, cuando fueron elegidos como sede olímpica para el 2008, aceleraron la modernización que venían experimentando con la intención de mostrar al mundo una nueva cara de China, que ha continuado progresando con una visión futurista hasta la actualidad. Nada más llegar, al viajeró le sorprenderá la terminal ideada por Norman Foster, cuya espectacular forma sugiere un dragón.

Los dos grandes centros de vanguardia arquitectónica que destacan por encima de todas las trasformaciones realizadas en la ciudad, son el nuevo trazado urbano generado a partir de la zona olímpica, y el distrito financiero, donde grandes arquitectos de todo el mundo han levantando construcciones innovadoras.

Pacific century Place,Beijing.

En la Zona Olímpica, donde se puede llegar mediante una moderna línea de metro, hay dos construcciones que fueron la joya de los Juegos: El Estadio Nacional Olímpico, diseñado por el equipo de arquitectos suizos Herzog y De Meuron y conocido popularmente como el nido, por su parecido con la morada de un ave ; y el otro edificio, emblema de la ciudad es el Centro Nacional de Natación diseñado por la empresa australiana PTW, al que los pequineses le han dado el sobrenombre de cubo, es una enorme estructura en forma de caja recubierta por una membrana azul que emula las burbujas que forma la espuma del agua, su translucidez permite un gran aprovechamiento de la luz natural.

En el distrito financiero, donde se han levantado obras espectaculares, el edificio que acapara toda la atención es la sede de la televisión estatal, obra del innovador arquitecto holandés Rem Koolhaas, donde dos torres oblicuas que se conectan por sus dos extremos (en sus últimas plantas y las primeras) configuran un modelado de equilibrio singular. Junto a ésta maravilla, ocho rascacielos más forman una de las áreas más “chic” de la ciudad.

Gallery Space DA. En Dashanzi 798 Art District. Obra de Gui Hu Xiao,Beijing.

Al margen de las dos grandes zonas emergentes, junto al Gran Palacio del Pueblo se haya la Opera Nacional, un espectacular edificio obra del francés Paul Andréu, que parece un objeto no identificado recién aterrizado en pleno centro histórico de Pekín.

Otro de los grandes símbolos de la modernidad que dibujan la nueva cara de la ciudad es el reinventado distrito de Dashanzi, que ha pasado de ser un área industrial a trasformarse en uno de los lugares más “in” del planeta. Sí Shanghai es el centro de la economía china, Pekín lo es de la pintura y la escultura contemporánea del país. Artistas y galeristas chinos, junto con cada vez más colegas extranjeros, alquilan espacios en este distrito ubicado a las afueras de la ciudad. Los antiguos almacenes y fábricas de la zona, como la mítica 798 (factoría que en sus paredes aún muestra eslóganes de la Revolución Cultural), se han transformado en el centro del arte moderno de la nueva China. Actualmente, entre los artistas vivos más cotizados internacionalmente hay muchos chinos, por ello conviene reservar una mañana o tarde durante nuestra estancia para visitar las prestigiosas galerías de arte que tiene este barrio.

Puerta de la paz celestial en la plaza de Tiananmen.

La esencia de Pekín.

La esencia de Pekín está intacta en los Hutong, los entramados de callejones dispuestos de este a oeste de tal modo que la puerta principal da al sur, dando la espalda a las fuerzas negativas del norte y acaparando los rayos del sol, siguiendo las indicaciones del “fengshui” e imitando la disposición de los templos chinos. La mejor manera de descubrir los hutong, que cada vez quedan menos debido al afán modernizador del gobierno chino, es pasear por el norte de los alrededores de la Ciudad Prohibida, donde se hallan algunos de los más interesantes. Al margen de la fiebre de renovación que invade toda la ciudad, los hutong siguen manteniendo su vida pausada como un vestigio del pasado, donde el viajero puede descubrir como fue Pekín durante siglos; por estos callejones se respira ambiente de pueblo, en sus calles es fácil ver ancianos que siguen manteniendo la perdida costumbre de sentarse junto a pájaros que sacan al sol para deleitarse con su cante, talleres de bicicletas o barberos ambulantes.

Templo del cielo, desde la puerta de. Tiantan.

Los parques También son espacios muy interesantes para observar la vida cotidiana pekinesa, sobretodo durante las primeras horas del día cuando se llenan de personas que practican Tai Chi, o durante las últimas horas de la tarde o los días festivos, cuando se puede ver a gente que se reúne para bailar, titiriteros que hacen reír o grupos que juegan a las cartas entorno a una mesa. El Parque de Beihai es uno de los más interesantes formado por 7000.000 metros cuadrados, que está asociado con el Palacio de Kublai Kan, donde antiguamente se ubicaba el punto central de Pekín antes de levantarse la Ciudad Prohibida; el parque tiene un gran lago y en medio de él la isla de Jade, que alberga un templo coronado por una gran dagoba blanca erigida en 1651 con motivo de la visita del Dalai Lama. Otro parque con mucha actividad es el de Jingshan, desde su cima se divisa la mejor panorámica de la ciudad, incluyendo una fabulosa vista de los tejados rojos de la Ciudad Prohibida. La colina que proporciona ésta placentera visión de Pekín fue levantada con la tierra excavada para hacer el foso de la muralla que rodea la gran fortaleza que alojaba al emperador. La colina tiene una disposición estratégica para proteger al palacio de las nubes de polvo que suelen ser muy abundantes en primavera, procedentes del norte. Al este del Parque una acacia blanca señala el lugar donde Chongzhen, el último emperador de la dinastía Ming, se ahorcó cuando vio que los rebeldes tomaban el control de la ciudad. 

Òpera de Pekín.

La visita a los lugares históricos de mayor atractivo se suele iniciar en la monumental plaza de Tiananmen, donde Mao Zedong proclamó el 1 de octubre de 1949 la República Popular China y se hallan un gran número de monumentos relacionados con la historia contemporánea del país como la Asamblea Nacional, el Monumento a los Héroes o el Mausoleo de Mao, y la legendaria Ciudad Prohibida a la que se accede por la Puerta de la Paz Celestial, donde cuelga un gran retrato de Mao Zedong. La Ciudad Prohibida es el palacio más grande del mundo con 9.999 habitaciones, está declarada Patrimonio de la Humanidad, y ha sido testigo de la vida de 24 emperadores a lo largo de cinco siglos. Esta inmensa fortaleza conseguía mantener la privacidad y engrandecer el aura que envolvía al emperador y su familia, manteniéndolos en todo momento protegidos por un gran muro de 12 metros de altura y un foso de 50 metros de ancho que rodea la Ciudad Prohibida y el complicado entramado interior de Palacios y patios donde era imposible que un intruso se orientara. La construcción fue encargada por Young Le, el segundo emperador de la dinastía Ming, en 1470. El corazón de este gran complejo palaciego se halla en el Palacio de la Suprema Armonía, al que se llega después de atravesar cuatro monumentales puertas con una profusa ornamentación. Entorno a él hay varios palacios donde se desarrollaba la vida familiar, que a su vez están rodeados por 800 edificios dedicados a alojar el séquito, oficinas y almacenes.

Palacio de verano, en el lago Kunming.

De los muchos templos que tiene Pekín, hay dos que son de una plástica imponente: Uno es el Templo budista de los Lamas, el más prestigioso fuera del Tibet, con unos bellos tejados, preciosos frescos, magníficos arcos decorativos, tapices, una carpintería extraordinaria y un estatua de buda Maitreya hecha con madera de sándalo con 16.5 m de altura alojada en el pabellón Wanfu; el otro es el emblemático Templo del Cielo levantado en 1420 en el sur de la ciudad, está compuesto por varios edificios y era el emplazamiento donde se hacían las oraciones durante el solsticio de verano para que las cosechas fueran abundantes. 

Otros monumentos de ineludible visita son: el Palacio de Verano, un inmenso parque construido por la viuda emperatriz Cixi; las Tumbas Ming a unos 50 kilómetros de Pekín, donde descansan 13 de los 16 emperadores de esta dinastía y La mítica Gran Muralla China, una escapada que no defrauda (a unos 70 kilómetros de la capital).

La opción más interesante para cerrar una visita por está excitante ciudad, es acudir la última noche a uno de los muchos lugares donde se suele programar la Ópera de Pekín, la más prestigiosa de las diversas variantes que tiene esté estilo de hacer ópera, que en nada se parece al occidental. La combinación de canto, baile, diálogo y acrobacias se conjugan de modo sorprendente para crear un espectáculo único.

Gran muralla

Más información

Oficina Nacional de Turismo de China en España

Deja un comentario