OKKAIDO, el invierno más desconocido de Japón.

La isla más septentrional de Japón, tierra ancestral de los ainu, adquiere su cara más amable durante el invierno. Brinda al viajero un gran abanico de posibilidades para el recreo en una naturaleza casi intacta, cubierta por un manto blanco, y un amplio número de festivales invernales donde las esculturas de nieve son las protagonistas.

Hokkaido es uno de los destinos de Japón más desconocidos para los occidentales. Si embargo, entre los japoneses es uno de los espacios más deseados para escapar del bullicio de sus grandes urbes; buscan en la isla más septentrional del país grandes espacios naturales y las inabarcables posibilidades que estos ofrecen para el recreo. En un país famoso por las concentraciones urbanas, Hokkaido es uno de los pocos lugares donde las carreteras se pierden en el horizonte, los bosques ocupan extensiones inimaginables y las cordilleras brindan vistas espectaculares de un territorio que parece inmenso. Hokkaido ocupa una quinta parte del territorio japonés y alberga tan sólo el 5 % de la población; esto se debe en parte al frío siberiano que invade la isla de noviembre a marzo que ha provocado que a lo largo de la historia no hubieran grandes asentamientos humanos hasta la llegada de los avances tecnológicos que permitieron al ser humano vivir en un territorio tan hostil en condiciones de confort. Paradojicamente, el invierno es una temporada muy activa para el sector turístico de la isla, cualquier época del año es ideal para visitarla, pero la más espectacular es el invierno, que cubre durante varios meses la isla de nieve sometiéndola a un clima extremo que congela hasta el mar de Ojotsk.

Rompehielos en Abashiri

Los isleños han sabido hacer de la época más cruda del año, la más cálida y deseada por todos los foráneos que la visitan. El manto de nieve que cubre la isla durante casi todo el invierno ofrece un número incalculable de actividades invernales, como el esquí, la pesca sobre un lago helado, viajar en rompehielos, avistamiento de focas, o dormir en un iglú, entre otras muchas. También durante esta época la isla celebra un gran número de festivales invernales donde las instalaciones de esculturas con nieve adquieren la categoría de arte. Siendo el más prestigioso internacionalmente el de Sapporo, la capital de la isla, que durante una semana su calle principal vive por y para la nieve. El marisco y la cerveza son dos de los grandes atractivos gastronómicos que atraen a los amantes de la buena mesa hasta esta isla.

Grus japonensis en Kushiro Shitsugen National Park

Los Ainu

Los primeros habitantes de la isla fueron los ainu, que se instalaron en ella procedentes de Siberia durante la última glaciación. Los nuevos inquilinos de marcados rasgos caucásicos bautizaron la isla como Ainu Moshiri, literalmente mundo humano. Casi no tuvieron ningún contacto con los japoneses hasta la llegada del periodo Edo (1600-1868). El primer asentamiento japonés tubo lugar al sur de la isla y fue protagonizado por el clan Matsumae; básicamente establecieron unas relaciones comerciales con los ainu que los despojó a la postre de sus riquezas y lucró enormemente a los nipones. Durante el último periodo Edo la colonización de la isla por parte de los japoneses adquirió una gran actividad que se intensifico con la llegada de la Restauración Meiji en 1868, momento histórico en el que empieza un acoso sin miramientos hacia el pueblo ainu, donde su desaparición parecía que era cuestión de tiempo. Las prohibiciones y las censuras fueron muy duras con la intención de borrar del territorio cualquier signo de cultura autóctona. Un gran número de ritos fueron censurados, se prohibió que los hombres llevaran pendiente y que las mujeres se hicieran tatuajes en la cara. Y lo que más daño hizo fue la apertura de la Kaitakushi, una oficina colonial que fomentaba y daba todo tipo de facilidades para generar la inmigración de los japoneses a Hokkaido. Con la llegada del siglo XX los habitantes japoneses superaban el millón de habitantes y los ainu eran una población residual que era marginada y considerada atrasada.

Mujer ainu en Shiraoi Poroto Kotan

Algunos ainu siguieron recreando su cultura en la clandestinidad, pero muchos de ellos prefirieron asimilar la cultura nipona e intentar ocultar sus orígenes para evitar la discriminación. Debido a la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno en Sapporo 1972 las autoridades japonesas para lavar su imagen internacional suavizaron su acoso a los ainu. Y no fue hasta pasados 26 años que el gobierno japonés hizo una ley que los convertía nuevamente en ciudadanos de primera. A día de hoy resulta muy difícil conocer su número, aunque se estima que ronda los 25.000 individuos; la mayoría de estos ainu además son mestizos, de manera que sólo quedan unos 200 ainu sin mezcla de sangre. En la actualidad se intenta recuperar el legado cultural de los ainu, hay varios museos que recrean poblados, y lejos de disimular, los antiguos pobladores de la isla reivindican su identidad más orgullosos que nunca.

Restaurante `Kani Goten´ en Shiraoi

El Japón más remoto

Nuestro periplo por Hokkaido empieza en Wakkanai, población portuaria ubicada en el extremo norte de la isla, a sesenta quilómetros de territorio ruso. Es un lugar dedicado a la recolección de algas y a la pesca, donde el mar se congela durante el invierno. Los japoneses no pusieron los pies aquí hasta hace tan sólo unos 100 años. Muchas de las indicaciones y carteles de las tiendas están curiosamente en Ruso y japonés debido a la afluencia de turistas rusos. Hay un motivo especial que hace realmente atractiva esta población para el viajero, es el avistamiento de focas de Groenlandia. Hay que dirigirse hasta el puerto pesquero de Bakkai donde hay habilitado un habitáculo con calefacción para poder observar las más de 200 focas que cada año visitan el lugar entre noviembre y marzo, los aficionados a la fotografía tienen aquí un manantial inagotable de inspiración para tomar instantáneas, nosotros nos empachamos de capturar imágenes. A 30 kilómetros de Wakkanai está el Cabo Soya, es el punto más septentrional de Japón hasta donde acuden muchos turistas a fotografiarse, en él destaca la torre de la plegaria, un monumento erigido en memoria del vuelo de Korean Airlines 007 derribado en 1983 por los rusos que habían prohibido los vuelos por la zona, y la estatua de Mamiya Rinzo, un mítico explorador japonés del periodo Edo. Al este se extiende el mar de Ojotsk limitado por las islas Kuriles, Sajalin y la península de Kamchatka. Al oeste las mismas aguas reciben el nombre de mar de Japón; lo que más nos sorprende es la espectacular puesta de sol que nos brinda el cabo, trasformando el cielo en una sinfonía de colores cálidos con una cautivadora dominante magenta

Fotógrafo en el lago Kussharo,en Akan National Park

Una carretera que discurre paralela al Mar de Ojotsk nos conduce por un paisaje blanco hasta la ciudad más remota del país, Abashiri. La mayoría de los japoneses relacionan esta población con la cárcel. Antiguamente cualquier reo que escuchaba el topónimo de nuestro actual destino, por muy duro que fuera se echaba a temblar. Abashiri es la sede del centro penitenciario más famoso en Japón, en la actualidad es una cárcel normal pero en el pasado era la Siberia de Japón. Es posible visitar la antigua prisión convertida en museo, donde queda patente las condiciones inhumanas en las que vivían los presos. La cárcel fue instalada aquí para hacer visible la presencia del estado japonés en un territorio deshabitado con la idea de persuadir a los rusos en sus intenciones de invasión, y los presos jugaron un papel fundamental en la construcción de red vial de la isla. Junto al museo de la cárcel hay un gran lago helado donde las familias pasan el día pescando; sobre la superficie helada hacen unos agujeros con una especie de sacacorchos gigante por el que dejan caer su caña. Desde el puerto zarpan cruceros turísticos en rompehielos que trazan itinerarios espectaculares. Nos sorprende la inmensidad del mar congelado, salpicada en ocasiones por la presencia de focas; aún siendo acomodados viajeros del siglo XXI nos sentimos sobre la proa del Aurora como unos expedicionarios del siglo XIX, está claro que la imaginación no tiene límites cuando está embriagada por las mieles de la aventura.

SL Fuyu-no-Shitsugen train a su paso por Kushiro Shitsugen National Park

Abashiri además, es la puerta al Parque Nacional de Shiretoko, donde realizar excursiones para poder observar en plena naturaleza al oso pardo originario de la isla y elemento fundamental del imaginario ainu. Nosotros decidimos hacer una incursión relativamente moderada con una caminata de tres horas acompañados de un guía; hay que tener cuidado sobretodo con las rutas que conducen al cabo de Shiretoko, sólo están recomendadas para excursionistas muy experimentados, ya que son muy poco transitadas y están mal señalizadas

Maravillas naturales

Los parque Nacionales más interesantes de la isla en invierno, son tres. El de Daisetsuzan es el más grande de Japón (2,309 km2) y uno de los más antiguos, es un lugar ideal para los que quieran practicar el esquí de fondo. El parque de Kushiro Shitsugen es un gran espacio pantanoso que brinda en invierno paisajes románticos que son surcados por un tren de época que circula con carácter turístico expulsando una atractiva columna de humo a su paso, ocupa una superficie superior a la ciudad de Tokio y alberga un gran número de especies que tienen su hábitat en humedales; la más famosa es la Tancho-zuru, la grulla de cresta roja, resulta muy interesante observar la danza de apareamiento. El tercer parque, y quizá el más atractivo de la isla, es el de Akan. Acoge lagos con aguas hirviendo, un modelado volcánico que en muchos casos es sorprendente y amplios bosques. Si opta por hacer senderismo por los lugares más remotos de este parque tenga cuidado con la comida y las pertenencias, pues los osos y los zorros suelen hacerse con ellas al menor descuido.

Festival de la nieve en Otaru

No hay que perderse un paseo por las orillas del lago Kussharo-ko, habitado por cisnes de un blanco majestuoso que se ubican al amparo del calor de las aguas termales que emanan en muchos puntos de la ribera del lago; creando un paisaje espectacular, donde la calidez de sus aguas termales contrastan con el paisaje nevado. Sumergirse en alguno de los rotemburo (baños termales al aire libre) que están ubicados en la orilla del lago es un placer de dioses que no debe perderse el viajero. Resulta mágico zambullirse en las aguas ardientes que nos protegen del ambiente gélido del lago, acompañados por un gran grupo de cisnes; sin lugar a dudas esta es una de las mejores experiencias que brinda el viaje. Otro lago muy conocido en la zona es el Mashu-ko, considerado por muchos como el más bello de Japón, y no les falta razón, por la mañana suele estar cubierto por una niebla que lo dota de un carácter místico. La localidad más interesante de la zona es Akan Kohan, tiene el mayor poblado ainu de toda la isla, y es una visita obligada para cualquiera que este interesado por esta cultura milenaria. El poblado esta insertado en el centro de la población, en él es posible comprar artesanía, visitar un museo y asistir a recreaciones de bailes y ritos ancestrales que durante años estuvieron prohibidos, toda una experiencia que no nos quisimos perder.

Espectáculo en el Ice bar, en Igloo Village, sobre el lago congelado de Shikaribetsu

Sapporo

Desde Akan Ko enfilamos la carretera en dirección a Sapporo. La capital de Hokkaido es una ciudad sosegada comparada con las metrópolis japonesas. Es conocida mundialmente por haber celebrado los Juegos Olímpicos de invierno en 1972 y por el Yuki Matsuri, el festival de la nieve, que durante una semana trasforma la principal avenida de la ciudad en una exposición de esculturas de hielo y nieve, articulando entorno a ellas un gran número de actividades como una rampa inmensa para el deslizamiento de snowboards, toboganes de hielo, conciertos, y un sin fin de actividades. El viajero puede disfrutar de un agradable paseo por su jardín botánico, comer un excelente marisco junto al mercado de pescado o visitar la antigua fábrica de cerveza Sapporo, en un vetusto edificio de ladrillo rojo del que toda la ciudad se siente orgullosa, en 1876 fue el primer lugar donde se elaboró cerveza por primera vez en Japón; y sin lugar a dudas es el producto de la ciudad más conocido en el extranjero. Junto al museo hay un gran restaurante donde decidimos entrar a comer para saborear la especialidad local a base de cordero a la parrilla, que tiene origen mongol, como su propio nombre indica Jingus Kan. No se debe abandonar la capital sin subir a lo alto de la TV Tower, una suerte de Torre Eiffel a la japonesa de color rojo que brinda unas vistas espectaculares de la ciudad y Odori-Koen (la avenida principal). A muy pocos kilómetros se haya Otaru, merece la pena hacer una escapada aunque sólo sea de unas horas para conocer esta pequeña población de calles pintorescas; sus lugares más interesantes son el canal y el distrito de los históricos almacenes de la industria del arenque, que antaño fue una gran fuente económica para la ciudad.

Vista aérea del Parque Odori en Sapporo

Nuestro periplo por Hokkaido termina a unos 300 kilómetros al sur de Sapporo, en la acogedora ciudad de Hakodate. Es una ciudad portuaria muy famosa por su marisco, está levantada en una franja de tierra encajonada entre dos masas de agua, el puerto de Hakodate al oeste y el canal de Tsugaru al este. Fue uno de los primeros puertos que se abrió a los extranjeros en 1854 con la firma del tratado de Kanagawa. Hecho que generó una pequeña colonia de extranjeros que que dejo su huella en el distrito de Motomachi que alberga las construcciones históricas más emblemáticas de la ciudad, que la dotan de un aire occidental que despista en ocasiones al viajero, como la antigua oficina de la prefectura, el antiguo consulado ruso,el antiguo consulado británico, la iglesia ortodoxa rusa o la iglesia católica romana. Incluso hay una casa de estilo tiroles. Es la tienda de Carl Raymon, un alemán que durante la primera mitad del siglo XX se instaló aquí para venderles salchichas a los japoneses. Una costumbre muy arraigada entre los locales es subirse el domingo al teleférico que conduce hasta la cumbre del Hakodate-yama, situada a 334 m de altura sobre el nivel del mar para admirar desde las alturas la ciudad. Hasta él subimos cuando el día toca a su fin para disfrutar de los trazos dorados que dibujan los rayos de sol con el ocaso mientras desaparece por el horizonte el astro rey. Las primeras luces nocturnas que iluminan la ciudad se extienden a lo largo de una estrecha franja de territorio urbano de tejados cubiertos de nieve y flanqueado por el mar; se ha hecho de noche y los flashes de las cámaras fotográficas no paran de disparar con la intención de capturar la belleza que plasma el paisaje nocturno que desde hace unos minutos nos tiene hipnotizados

Tusukisamu dori en Sapporo

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Turismo de Hokkaido

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