A medio camino entre Pekín y Xian se encuentra una de las ciudades históricas más antiguas de China. Pingyao es la ciudad medieval china mejor conservada, manteniendo buena parte de la arquitectura original de las épocas Ming y Qing.
Texto y fotos: Miguel Galmés
Quien llega a Pingyao no debe esperar espectaculares paisajes, montañas verdes ni aguas cristalinas, sino otra ciudad cualquiera de China llena de grandes avenidas, edificios altos y un tráfico terrible. Su verdadero tesoro se esconde tras la muralla de la antigua ciudad. Cruzarla por alguna de sus seis puertas es como viajar en una máquina del tiempo a la Edad Media china, a la época de las grandes dinastías que gobernaron este extenso país.

Situada en la provincia de Shanxi, entre la capital Pekín y Xian (antigua capital de dos dinastías imperiales), la ciudad antigua de Pingyao es un microcosmos que sobrevivió como pocas a la Revolución Cultural y al crecimiento de la ciudad moderna, manteniendo las antiguas calles empedradas, tiendas, viviendas históricas, los típicos farolillos rojos y templos, todo ello rodeado por una de las murallas mejor conservadas de China, lo que mereció que fuera inscrita como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.
La ciudad histórica de Pingyao es el mejor ejemplo de una típica ciudad durante las dinastías Ming y Qing (del siglo XIV al XX). Una muralla inexpugnable la rodea por completo y protegía la ciudad. Las puertas de la muralla dan acceso a las arterias principales, en su mayoría peatonales, que dividen la ciudad de norte a sur y de este a oeste, de las que nace una red de calles estrechas y callejones. El acceso a la ciudad es libre pero para visitar los lugares destacados es necesario un único ticket que da acceso a todos ellos.
La enorme muralla da la bienvenida al visitante. La puerta más majestuosa es la sur, conocida como la puerta de la Cabeza de Tortuga, por la similitud en planta que tiene la ciudad antigua con una tortuga, de ahí que también se conozca Pingyao como «Ciudad Tortuga». Cuatro de las puertas están dispuestas simétricamente en los lados este y oeste, pareciendo las cuatro patas de la tortuga. La Puerta Sur y la Puerta Norte se parecen a la cabeza y la cola respectivamente, y las calles entrecruzadas forman los patrones de su caparazón.


Con una longitud total de 6 kilómetros, la muralla de la ciudad antigua de Pingyao es la atracción más popular. Mide unos 12 metros de alto y de 3 a 6 metros de ancho en la parte superior, y está formado por tierra compactada cubierta por ladrillos y piedras. En pié desde el año 1370, fue la dinastía Ming quién amplió y reconstruyó la muralla que ya poseía la ciudad para proporcionar una mejor defensa. Desde entonces se ha reconstruido en varias ocasiones debido a las guerras y la erosión pero su estilo y tamaño básicos se ha mantenido sin cambios desde entonces. Toda ella es transitable a pié o en rickshaw empujado por una persona vestida con indumentaria de la época. Consta de 72 torres que simbolizan a 72 personas de gran sabiduría y las 3.000 almenas a los 3.000 discípulos de Confucio.
La calle Ming-qing, principal calle de la ciudad, está flanqueada a ambos lados por antiguas casas tradicionales de ladrillo gris que se han convertido en tiendas, restaurantes, bares y alojamientos. Aunque pudiera parecer un parque temático, la antigua ciudad todavía está habitada por residentes que viven en el casco antiguo, por lo que también es posible observar la vida diaria de los mayores cuando juegan al ajedrez chino o se reúnen en tertulias, las mujeres limpiando la ropa o los niños jugando en los patios de las escuelas, cuando uno se sale de las arterias principales.
En el medio de la calle principal se encuentra la pintoresca Torre de la ciudad, un edificio de madera de dos pisos de altura y bellamente ornamentado desde el que contemplar gran parte de los tejados de cerámica vidriada de la ciudad y la propia calle calle Ming-qing, que recibe su nombre de las dos dinastías chinas, y que también ha sido el eje comercial de la antigua ciudad durante cientos de años. Aquí se estableció en el siglo XVIII un pequeño negocio de tejidos que prosperó y se expandió a otras ciudades, comenzando a emitir cheques y convirtiéndose en un centro de financiación que daría lugar al primer banco chino.

Fue el antiguo banco Rishengchang (cuyo nombre significa prosperidad al amanecer) una de las casa de cambio que hoy puede visitarse. Establecido en 1823 durante la dinastía Qing en un complejo de tres patios que ocupa 1.300 metros cuadrados, jugó un papel importante y de gran influencia en la economía china durante los 108 años que transcurrieron entre su apertura y su desaparición por quiebra.
No es de extrañar entonces que esta calle fuera en su tiempo un antiguo “wall Street” chino donde se establecieron los bancos, oficinas gubernamentales y un floreciente comercio, fruto del cual prosperó una élite que construyó en esta y otras calles principales sus mansiones y que hoy incluye más de 400 antiguas casas tradicionales. Muchas de aquellas casas son hoy museos que muestran como era la vida en aquel tiempo, exponiendo mobiliario original, libros de cuentas, etc y un importante legado arquitectónico del periodo Ming y Qing, cuyas casas tenían sus habitaciones construidas alrededor de una serie de patios. En ellas, las grandes esculturas de animales dan la bienvenida a un mundo de misterio donde parece que el tiempo se haya detenido, lejos del bullicio de las calles.
Con tanta riqueza, la forma más segura de transportar objetos valiosos era la de contratar una empresa de mensajería, que en las épocas Ming y Qing se conocían como compañías de guardias de seguridad. Estas compañías solo transportaban plata, oro y otros artículos valiosos para casas de cambio y familias ricas bajo custodia de guardias expertos en artes marciales. Hoy es posible visitar una de estas antiguas Compañías de Guardias de Seguridad, también en la calle Ming-Qing, para comprender mejor esta organización, ver los carros, cajas, armas y otras herramientas de entrega que utilizaban o la cancha de entrenamiento donde sus guardias practicaban artes marciales.

Por su parte, la justicia se impartía en la antigua oficina gubernamental de Pingyao, que se remonta a la dinastía Wei del Norte (386-534) aunque el edificio más antiguo que queda en pie se construyó en 1346. Todo el complejo ocupa 26.000 metros cuadrados siendo esta la oficina gubernamental del condado antiguo más grande y mejor conservada de China. Se puede visitar los edificios del tribunal de primera y segunda instancia donde 149 magistrados de las dinastías Ming y Qing trabajaron y vivieron allí sucesivamente, distintos pabellones y la prisión. En 1949, la Oficina del Gobierno Antiguo fue reemplazada por el Gobierno Popular del condado de Pingyao y la mayoría de los edificios antiguos fueron desmantelados.
Además de edificios civiles históricos, Pingyao tiene varios templos importantes, como el Templo del Dios de la Ciudad, ubicado al este de la antigua calle Ming-Qing, es un lugar sagrado para que la gente rinda homenaje al Dios de la Ciudad, al Dios de la Riqueza y al Dios de la Cocina. Aquí también se adora a oficiales eminentes y gente corriente que hicieron grandes contribuciones a la población local.
A estas alturas si el visitante todavía no ha comprendido la cultura china, lo mejor es pasarse por el Templo de Confucio, el templo mejor conservado de China dedicado al filósofo y al sistema ideológico que creó, basado en la cultura tradicional de las dinastías Xia, Shang y Zhou, y cuya corriente de pensamiento dominó la sociedad china durante 2000 años. El templo también fue en la antigüedad una escuela por la que pasaban los aspirantes a funcionarios destinados a superar el sistema de examen imperial chino, que estuvo vigente desde el año 606 hasta 1905.

Por la noche la calle principal se convierte en un estallido de luces, colores y olores. Los farolillos rojos que durante el día ondean al viento, por la noche iluminan de un rojo intenso la ciudad. La comida local de Pingyao incluye fideos de trigo como alimento básico y la carne de res, que es su especialidad desde hace mucho tiempo, si bien rivaliza con el mercadillo nocturno de fritangas varias que toma las calles en cuanto cae el sol.
Pese a todas estas bondades mencionadas, la ciudad no suele ser objetivo de los extranjeros ni de los tours organizados, pero sí del turismo local chino ávido por descubrir su territorio e historia. Una buena idea es alojarse dentro ciudad vieja, en las muchas guesthouses que hay, y levantarse temprano cuando hay menos turistas en las calles. De esta manera es posible ver como se despierta la ciudad y explorarla cuando las calles están un poco más tranquilas. Es la mejor forma de tomar el pulso a esta ciudad medieval que ha sabido coexistir con el rápido avance de la sociedad china.

CÓMO LLEGAR.
En tren desde Pekín se tarda 4 horas, 1 hora menos desde Xiang. Pingyao no dispone de aeropuerto, por lo que el más cercano se encuentra a 200km.