Le Boat, empresa líder en el alquiler de embarcaciones sin patrón, brinda la oportunidad de surcar el Canal de Midi y recorrer villas medievales, visitar antiguos castillos, bodegas con solera, galerías de arte y probar las exquisiteces que se venden en los coloridos mercados de alimentos que salpican el canal; todo ello a tu propio ritmo y durante el tiempo que desees.
Tras unas clases para aprender los más básico de la navegación, abordamos nuestro barco a motor ‘Horizon 4 plus’ de 13 metros de eslora desde la base de Le Boat en las afueras de Homps. Con capacidad para hasta 9 personas, esta embarcación ofrece un amplio espacio para familias o grupos de amigos que deseen disfrutar de unas vacaciones navegando. Equipada con todas las comodidades necesarias para una experiencia inolvidable, cuenta con una cocina totalmente equipada, incluyendo nevera, fogones, fregadero, microondas, y horno, lo que permite preparar deliciosas comidas a bordo. Además, dispone de un salón espacioso con zona de comedor y cómodos sofás donde relajarse después de un día de exploración. Las cuatro cabinas dobles, cada una con su propio baño privado, garantizan privacidad y confort para todos los pasajeros. Cuenta también con aire acondicionado y calefacción, asegurando una temperatura agradable en cualquier época del año. Además incorpora un propulsor de proa y otro de popa que hace que las maniobras de acercamiento y amarre en las esclusas sea mucho más fácil. Unas bicicletas de apoyo para hacer paradas en el camino son el complemento perfecto. El precio, unos 7000 euros la semana en temporada alta.

El Canal du Midi.
El canal du Midi se abre paso a través de 241 km, desde Toulouse hasta la ciudad costera de Sète. Fue en 1666 cuando Louis XIV dio luz verde a la ejecución de este impresionante camino fluvial. Posteriormente, en el siglo XIX se añadió la construcción del Canal de Ganonne, que recorre 193 km desde Toulouse a Langon. Ambos, conjuntamente, forman el Canal des Deux Mers, que une el Mar Mediterráneo con el Océano Atlántico.
Antaño, el canal fue la vía de comunicación más importante para transportar carbón, piedra, madera y otros bienes industriales, pero su importancia comercial disminuyó después de la llegada de los ferrocarriles a mediados del siglo XIX. Hoy en día, el canal se ha reconvertido turísticamente, y por él navegan embarcaciones de recreo, algunas incluso de época, que han sido cuidadosamente restauradas por sus propietarios. A una velocidad máxima de 8 kilómetros por hora, se descubre una nueva vida, a un ritmo más sosegado, y las postales del sur de Francia se deslizan como en un proyector fotográfico: pueblos bucólicos, mercados ribereños, campos de lavanda, girasoles y amapolas. Todo está preparado para los amantes del slow travel, la buena gastronomía y el buen vivir.

El canal está inscrito como Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Bordeado en muchos tramos por enormes árboles plataneros que le dan cobijo, no es un canal profundo ya que apenas tiene una profundidad de 2 metros y una anchura de 20. Cuenta con 91 esclusas, 6 presas y 126 puentes que lo cruzan. Cercano a Fonséranes, son famosas sus ocho esclusas contiguas en forma de escalera que permiten que el canal caiga 21.5 metros en tan solo 312 metros de distancia. En el extremo sur, en Agde, una exclusa redonda, única en todo el país, permite que los botes giren y puedan escoger entre 3 caminos diferentes: uno hacia Toulouse, otro hacía Adge y el mar y el tercero hacia la laguna de Thau.
Argens-Minervois.
La ruta planteada pasa por llegar hasta Fonseranes en Béziers para visitar la impresionante sucesión de 9 esclusas en escalera, después dar la vuelta y pasar de nuevo por Homps, recargar agua, y proseguir el camino hasta Carcassonne donde volveremos a dar la vuelta para regresar al punto de inicio. En total pasemos por 54 esclusas y recorreremos una distancia de unos 175 kilómetros durante la semana de navegación.

Las primeras esclusas sirven de entreno y el personal que se encarga de abrir y cerrar las compuertas suele ser amable y ayudar en lo que convenga. Teniendo cuidado y yendo despacio no suele haber ningún problema. Habitualmente un semáforo indica si puedes entrar en la esclusa, aunque a veces es el mismo operario el que lo indica con la mano. El horario para poder atravesarlas es de 09:00 a 12:30 y de 13:30 a 17:00 (de enero a marzo y de noviembre a diciembre), 17:30 (octubre), 18:00 (abril y septiembre), 18:30 (mayo) y 19:00 (de junio a agosto). En muchas de estas esclusas suelen vender helados, refrescos, artesanía local, e incluso cubitos de hielo ideales para los gin-tonics de la cena.
La tarde cae y antes de llegar a Argens-Minervois nos encontramos con la esclusa cerrada por lo que nos disponemos a pasar noche atracados junto al sendero. Se puede parar por en cualquier lugar del canal que no esté expresamente prohibido, y que tampoco impida la navegación. Suele haber amarres en la orillas o también se pueden clavar las piquetas que hay en el barco en la orilla. Otra opción pasa por parar en los puertos y aprovechar los servicios correspondientes como agua y electricidad, pero en ese caso hay que pagar por el amarre.

Le somail.
Al siguiente día llegamos a Le Somail, una villa pintoresca que cautiva a sus visitantes con su ambiente tranquilo y acogedor. Aquí el tiempo parece detenerse. Los bares y cafeterías que bordean las calles empedradas junto al canal son lugares perfectos para relajarse y disfrutar de la vida cotidiana francesa. Por la tarde, los lugareños y los turistas se congregan para disfrutar de un café o una copa de vino mientras observan pasar los barcos por el canal. La librería de Le Somail es otro tesoro escondido que no debe pasarse por alto. Ubicada en una antigua bodega de vinos, esta librería independiente ofrece una amplia selección de libros nuevos y usados en diversos idiomas, desde novelas clásicas hasta guías turísticas de la región. Los amantes de la lectura encontrarán un paraíso entre sus estantes llenos de historias esperando ser descubiertas. Y no podemos olvidar la Peniche Epicerie, una tienda flotante ubicada en una antigua barcaza a lo largo del canal. Aquí, los viajeros pueden abastecerse de productos frescos, quesos locales, vinos de la región y otros productos gourmet mientras disfrutan de la experiencia única de comprar en un entorno tan pintoresco.

Las nueve esclusas de Fonserares y Béziers.
A última hora de tarde llegamos hasta la primera de las nueve Esclusas de Fonseranes, donde nos detenemos para pasar noche y visitar tanto las esclusas como el cercano pueblo de Béziers.
Estas nueve esclusas son un hito histórico que atrae a visitantes de todo el mundo. Construidas en el siglo XVII por el visionario Pierre-Paul Riquet, estas esclusas permiten superar un desnivel de más de 21,5 metros a lo largo de un tramo de canal de unos 300 metros. El sistema de esclusas representa una obra maestra de diseño hidráulico, compuesto por nueve esclusas interconectadas que forman una escalera de agua impresionante.
A tiro de piedra de estas esclusas se encuentra Béziers, una encantadora ciudad que se torna mágica al atardecer, especialmente desde las orillas del río Orb. Con su pintoresco paisaje fluvial y su imponente catedral, este momento del día se convierte en un espectáculo inolvidable. Desde la orilla del río Orb, junto al puente, se obtiene punto de vista privilegiado en el que admirar la silueta de la ciudad, con sus edificios históricos y sus antiguas murallas, que se destacan contra el cielo teñido de tonos cálidos y suaves. La catedral de Saint-Nazaire, una joya arquitectónica del siglo XIII, se alza majestuosa sobre la ciudad y ofrece un telón de fondo impresionante con los último rayos del atardecer. Sus altas torres y su intrincada fachada gótica se iluminan gradualmente a medida que el sol se pone, creando una imagen verdaderamente evocadora.

Desde Béziers a Carcassonne.
Al día siguiente tras un copioso desayuno invertimos el rumbo de la marcha para volver a Homps y seguir hasta Carcassonne. Resulta curioso atravesar el túnel de Malpas cerca de Colombiers, una de las hazañas de ingeniería más destacadas realizadas por Paul Riquet y un símbolo de su perseverancia que se encuentra al pie de la colina de Ensérune. Allí, Riquet excavó un túnel fluvial en roca blanda con dimensiones impresionantes: 173 metros de longitud, 8,5 metros de altura y 6 metros de ancho, todo con el propósito de evitar un largo desvío en el canal. Aunque en su momento los 6 metros de ancho parecían adecuados, hoy en día representan un desafío para los navegantes menos experimentados, especialmente aquellos que capitanean embarcaciones anchas, como en nuestro caso, con una embarcación de casi 5 metros de manga.
Poilhes es un bonito lugar en el que parar el barco y dar una vuelta por la ciudad, aunque si es jueves, sábado o domingo mejor continuar hasta Capestang y darse una vuelta por el mercado. Aquí se puede hacer acopio tanto de productos locales, como queso, pan y buen vino como también de artesanías, y también se puede comer en alguno de sus coquetos restaurantes.

En ocasiones enormes barcazas pasan junto a nosotros, algunas incluso sirven de escenario para celebraciones de boda, y todo el mundo nos saluda al pasar. Así, poco a poco, a una velocidad que raramente supera los 8 km/h llegamos hasta la esclusa de l´aiguille en Puichéric, la más inusual del Canal du Midi; una nota de humor da la bienvenida a los navegantes. Aquí, esculturas de madera y otras pequeñas figuras, a menudo hechas con objetos rescatados y abandonados, fruto de la imaginación creativa de Joel, el esclusero artista, ocupan su espacio en el jardín anexo.
Cerca de Trèbes, un grupo de kayaks pasa junto a nosotros, las maneras de disfrutar del canal son infinitas, aunque la gran mayoría apuesta por los barcos o por las bicicletas. Un sendero paralelo sin asfaltar recorre todo el canal, que además es prácticamente es llano, lo cual resulta ideal para disfrutarlo pedaleando en familia.
Carcassonne, la ciudadela más grande de Europa.
Al cuarto día de navegación asoma Carcasonne, encaramada a lo alto de una colina sobre el río Aude, con impresionantes vistas al valle de Lauragais y a sus exuberantes viñedos de Minervois. Su ciudadela medieval, protegida por muros dobles de tres kilómetros de largo, intercalados por 52 torres, representa la ciudadela fortificada más grande de Europa, en la que cada piedra es testigo mudo de su pasado romántico. Cuenta con 2.500 años de historia y forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1997. Es también la ciudad medieval mejor conservada del mundo, y su paso está restringido únicamente a peatones. Allá en el siglo IV se construyó el primer castillo y recinto amurallado del que todavía se conservan numerosos vestigios. Posteriormente, visigodos, sarracenos y árabes fueron breves inquilinos de este recinto amurallado, hasta que en la era feudal la ilustre familia Trencavel dio forma al actual castillo, además de la iglesia de San Nazario.

Tour with a rental boat from the Le Boat company from Homps to the nine Fonseranes locks in Béziers and back to Carcassonne.
La puerta de Narbona es la entrada principal de la ciudadela, en la que todavía viven 50 residentes. Se encuentra custodiada por un puente levadizo, un foso y dos enormes torres gemelas de 30 metros de altura y su función es la de proteger el acceso oriental de la ciudad. Junto a ella se encuentra la escultura de piedra arenisca de Lady Carcas, una heroína imaginaria de una leyenda local de la que presumiblemente proviene el nombre de Carcasonne. En la parte oeste de la fortaleza se ubica la emblemática Puerta de Aude, que ofrece una vista impresionante del río y de la moderna Carcasonne. Está particularmente bien conservada y ha mantenido su aspecto típicamente medieval.
Esta fortaleza, que parece sacada de un cuento de hadas, ha servido de telón de fondo a emblemáticas películas como Robin de los Bosques al que dio vida Kevin Costner, El Mosquetero dirigida por Peter Hyams o la protagonizada por el caballero Jan Reno y su sirviente Christian Clavier en Los Visitantes.
Vuelta hasta Homps.
De nuevo viramos rumbo hacia el puerto de Homps, nuestro destino final. Todavía quedan un par de días y algunos lugares interesanes por los que pasar como el Puente le rode, la bonita esclusa de Moulins de Trèbes o la triple esclusa de Fontfile rodeada de viñedos. Aunque el paisaje más especial y cautivador es ver la puesta de sol entre los arboles cerca de la esclusa de Marseillette, el colofón perfecto a este maravilloso viaje.

Más información: http://www.leboat.es
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