TORRES DEL PAINE, Caminando por el fin del mundo



En la provincia de Última Esperanza, el antiguo hábitat de los indios Aónikenk brinda un maravilloso entramado de senderos que discurren por uno de los paisajes más fascinantes del planeta. Valles escarpados, grandes lagos de aguas turquesas, cascadas sorprendentes, glaciares inmensos, bosques misteriosos y un modelado glaciar impactante, esperan al caminante en el Parque Nacional Torres del Paine.

Santiago de Chile, muy recomendable para mitigar el jet lag y recuperarse del largo viaje. Hay muchas maneras de iniciar una visita a esta preciosa ciudad, pero si nunca ha estado en ella lo mejor es agarrar el funicular que asciende por las lomas del Parque Metropolitano hasta alcanzar la cima del cerro de San Cristóbal. Desde aquí el viajero puede hacerse fácilmente una idea de la ciudad que va a descubrir. En la falda del cerro está el barrio de Bellavista, conocido por sus graffitis y albergar la Casa-Museo de Pablo Neruda.

A la vera del río Mapocho, están el barrio de Bellas Artes y el Barrio de Lastarria, uno junto al otro. El de Bellas Artes se articula entorno al Museo Nacional de Bellas Artes, y Lastarria se ha consolidado como un polo de atracción, donde todo el mundo acude en busca de novedades culturales, gastronómicas, artesanales o de diseño. Sin embargo el corazón de Santiago sigue estando en Plaza de Armas, donde está la Catedral Metropolitana y el Museo Histórico Nacional. Hay muchos atractivos en Santiago, como el barrio de la Bolsa, el Palacio de la Moneda, el Mercado Central o el magnífico Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Pero no nos podemos ir sin visitar el Valle del Maipo para conocer de primera mano los vinos chilenos. Mi bodega preferida es Viña Santa Rita (1880), por donde paso antes de tomar el avión a Punta Arenas, para saborear algunos de los mejores caldos chilenos.

Caminantes en el Sector Torres

Desde Punta Arenas un autobús me conduce hasta Puerto Natales, donde me reúno con Juanjo. Un experto guía chileno que me acompañará durante el trekking. Ésta es la ciudad donde se debe cerrar todo lo relacionado con la caminata dentro del parque o comprar algo de última hora que nos falte, como una cantimplora, una linterna o incluso unas botas. Fantástico Sur, la empresa que gestiona la mayoría de los refugios del parque también tiene oficinas en Puerto Natales. Se debe saber que para acceder al parque es imprescindible tener reserva en los refugios; de lo contrario los guardas nos denegaran la entrada.

Este Parque Nacional brinda un gran número de posibilidades para caminar, cada uno puede trazar el recorrido que le apetezca. Pero si lo que se quiere es conocerlo a fondo es imprescindible hacer una de sus dos rutas clásicas. Las conocidas como O y W, denominaciones que les vienen dadas por el trazado que sus senderos dibujan sobre la cartografía del parque. La primera es la travesía más larga, da toda la vuelta al macizo del Paine y es la preferida por los que están más en forma, constituye todo un reto mental y físico que no se puede hacer en invierno por que el camino está cerrado; se necesitan unos 8 días y exige cargar con comida y el equipo de acampada. La ruta W es más popular y menos exigente que la O. Todo el recorrido está muy bien acondicionado con refugios donde comer o dormir, y no por ello nos perderemos los paisajes más emblemáticos del parque. Se necesitan unos 4 o 5 días para hacerla y lo habitual es partir desde el refugio Base Torres, donde Juanjo y yo pasaremos hoy la noche para ir recorriendo la cordillera de este a oeste durante los siguientes días.

Caminando en dirección Mirador Base Las Torres,

Las primeras dos etapas nos conducen hasta el mirador de Base Torres. Se puede hacer en un día, pero nosotros preferimos hacerlo en dos para dormir cerca del mirador y poder contemplar Base Torres cuando despunta el sol. Después de cruzar el río Ascencio para remontar el valle que recorre, llegamos por un terreno sinuoso hasta el Paso de los Vientos, donde en días de mal tiempo hay que tener cuidado por que el dios Eolo nos puede arrojar al barranco. A pocos kilómetros, tras cruzar nuevamente el río por un puente colgante llegamos al refugio Chileno, donde pasaremos nuestra segunda noche. Las cenas en los refugios suelen ser muy agradables debido al ambiente de camaradería que se establece entre los caminantes. Juanjo me ve muy animado en la sobremesa conversando con un grupo de brasileños, y disimuladamente se acerca y me dice a la oreja “esta noche no nos podemos despistar, hay que irse a la cama muy pronto, que mañana salimos antes de que salga el sol”. Los conocedores del territorio afirman que durante la salida del sol es la mejor hora para poder ver Torres del Paine, famosas por que suelen estar envueltas por nubes que las tapan total o parcialmente.

Bosque en las inmediaciones del refugio del Chileno.

En plena madrugada sumergidos en la oscuridad más absoluta, ya estamos caminando guiados por la luz de nuestras linternas frontales. Son las 4:30h y una fina llovizna amenaza nuestro maravilloso plan para ver como los primeros rayos de luz del día iluminan Base Torres. Vamos remontando nuevamente el curso del río Ascencio durante una hora y media hasta llegar a la morrena de un antiguo glaciar, donde el camino se torna realmente angosto y difícil de transitar debido al canchal que atraviesa la vereda. 45 minutos hemos tardado en recorrer los más de 2 kilómetros de morrena para que aparezca ante nosotros un inmenso lago turquesa coronado por las afiladas Torres del Paine, que configuran el espacio más emblemático del Parque. La salida del sol no se ve por ningún lado, y las Torres haciendo honor a su leyenda se presentan arropadas por nubes que descargan sobre nosotros una lluvia casi imperceptible que no nos ha abandonado desde que salimos del refugio. Pero no importa, me parecen mucho más sugerentes con mal tiempo, dejándose ver parcialmente a medida que las nubes se mueven, que con un sol esplendoroso. Después de comer algo para recuperar fuerzas iniciamos el descenso hasta llegar a un milenario bosque de lenga (Nothofagus pumilio) que no pude ver por la mañana debido a la oscuridad. Su frondosidad nos protege de la lluvia hasta al refugio Chileno. Donde recogemos nuestras mochilas, y acompañados por el suave vuelo de un cóndor que acecha el terreno desde las alturas, seguimos descendiendo el valle del río Ascencio con hermosas vistas sobre lagos circundantes y el glaciar colgante del Monte Almirante Nieto. Para tomar cuando termina el valle un sendero al oeste salpicado de lagos, que discurre por un terreno de modelado suave que nos lleva hasta el refugio Cuernos, donde haremos noche junto al lago Nordenskjold.

En nuestro tercer día afrontamos la jornada más larga y difícil de todo el recorrido. Durante el desayuno Juanjo me advierte, “carga energías, por delante tenemos unas 8 horas de camino para recorrer 19 kilómetros”. La ruta sigue bordeando el lago Nordenskjold hasta llegar al campamento Italiano. Un espacio de acampada bajo un bosque de haya antártica (Nothofagus antarctica) donde duermen los excursionistas que cargan con su comida y tienda de campaña. Aquí hay una guardería para poder dejar nuestra mochila y cargar sólo con lo necesario durante las 6 horas que cuesta ascender y descender el salvaje Valle del Francés. Los primeros kilómetros generan un desgaste físico importante, son durísimos por la pendiente y por tener que ir literalmente saltando de roca en roca hasta llegar al mirador del Francés. Donde la fatiga se nos alivia al observar el glaciar que cubre toda la vertiente oeste del afilado modelado de Paine Grande, que es el pico más alto de la zona con 3.050 metros de altitud. Ver en verano como se suceden las avalanchas, una tras otra, precipitándose el hielo al vacío es todo un espectáculo.

Mirador Base Las Torres. Al fonto, a la izquierda, Torres del Paine.

A continuación el camino sigue subiendo pero es mucho más benévolo con nosotros, circula por un bosque de Lenga y Haya Antártica (Nothofagus antarctica) por el que ascendemos la montaña sin apuros. Al paso salen sugerentes especies vegetales, que Juanjo aprovecha para ilustrarme con sus conocimientos mostrando con orgullo algunas flores, “mira Lucas, estás son las más comunes del valle. Allí tienes los zapatitos de la virgen (Calceolaria uniflora), mi flor preferida por lo bien que combina el rojo y el amarillo. Este arbusto florido de tu derecha es el Chilco (Fuchsia magellanica), sus flores se caracterizan por tener forma acampanada y ser de color fucsia como su propio nombre científico indica. Y a nuestros pies tenemos una orquídea realmente bella, la Chloraea magellanica, fácil de identificar por el dibujo de lineas verdes ramificado sobre sus hojas blancas”.

Lago Nordenskjöld

Dejando atrás el Campamento Británico llegamos al mirador del mismo nombre. Que brinda una panorámica privilegiada de 360º sobre la cabecera del Valle del Francés. Un inmenso circo glaciar coronado por una serie de formaciones rocosas impresionantes. Juanjo señalando con el dedo índice algunos de los picos que nos rodean, me indica sus topónimos, “ Catedral, Aleta de Tiburón, Los Gemelos, Trono Blanco, Cerro Espada, Cerro Hoja y Cerro Máscara”. Suelta una carcajada, me mira fijamente y espeta, “te das cuenta como es fácil reconocer en cada uno la figura que le otorga el nombre”. Asiento con la cabeza, aunque sinceramente la máscara, el Trono Blanco y la catedral no las veo por ningún lado, pero no se lo diré para no romper la magia del momento. Después de ingerir algunos frutos secos iniciamos el descenso del valle, que nos conduce nuevamente hasta la caseta del guarda del parque donde recogemos nuestras mochilas. Iniciando una nueva caminata abandonando el Campamento Italiano y el Lago Nordenskjold para adentrarnos en un terreno ondulante que discurre junto a la orilla del lago Skottsberg, que nos guía hasta el refugio de Paine Grande.

La última etapa de nuestra andadura por el parque no es muy larga, unas 4 horas que nos conducirán hasta el refugio Grey. Durante la primera parte tiene lugar un ascenso que recorre una quebrada por un camino sinuoso que culmina en un soberbio mirador sobre el Lago y Glaciar Grey. Donde un gélido viento golpea de repente nuestros cuerpos con violencia, obligándonos a sacar de nuestras mochilas la ropa de abrigo y a caminar en ocasiones a cuatro patas para no ser arrollados. Finalmente tomamos un sendero que surca un bosque de lenga y ñire, que cruza el río de Las Piedras para llevarnos dulcemente hasta el refugio Grey. El final de la ruta W. En el embarcadero nos espera un catamaran que pone punto y final a nuestro periplo por el Parque Nacional Torres del Paine. Un relajado crucero hasta el Hotel Lago nos devuelve a la civilización, después de una placentera navegación entre témpanos de hielo e icebergs, contemplando el azul metálico que refleja el glaciar iluminando nuestras caras.

Glaciar Grey

Más información:

Turismo de Chile

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