Galicia es una tierra donde el océano Atlántico dibuja acantilados infinitos, los bosques centenarios esconden monasterios milenarios y las ciudades históricas conviven con pequeños pueblos marineros llenos de encanto.
Esta ruta recorre lugares emblemáticos de la geografía gallega, combinando naturaleza, historia, tradición y una gastronomía difícil de olvidar. La propuesta sigue un trazado de ocho días planteado en la guía «Galicia en Ruta», que edita Turismo de Galicia.
Día 1. Primer contacto con Galicia: O Cebreiro y Lugo
La aventura comienza en O Cebreiro, uno de esos lugares capaces de transportar al visitante a otra época. Esta pequeña aldea de montaña es la primera localidad gallega que encuentran los peregrinos del Camino Francés y conserva uno de los conjuntos etnográficos más importantes de Galicia. Sus famosas pallozas, construcciones de piedra con cubierta vegetal, muestran cómo era la arquitectura tradicional de estas montañas hace siglos. Pasear entre ellas permite imaginar la vida de sus antiguos habitantes mientras se disfruta de unas magníficas vistas sobre los valles que rodean la localidad. Antes de continuar el viaje merece la pena probar el famoso queso de O Cebreiro, uno de los productos gastronómicos más representativos de la zona.
La siguiente parada es Lugo, una ciudad fundada por los romanos que conserva prácticamente intacta su impresionante muralla, declarada Patrimonio de la Humanidad. Caminar sobre sus más de dos kilómetros de recorrido es una experiencia imprescindible para comprender la importancia histórica de la ciudad. Su casco viejo invita a descubrir una interesantísima catedral, recorrer plazas y disfrutar de la excelente gastronomía lucense. No es casual que exista un dicho muy popular que dice «para comer, Lugo»; terminar degustando unas tapas en su centro histórico es la mejor forma de cerrar el primer día de este viaje.

Día 2. El norte del norte: acantilados, faros y paisajes infinitos
La segunda jornada conduce hacia uno de los territorios más espectaculares de Galicia: la costa norte. La primera parada es en Viveiro, una elegante villa marinera con un atractivo entramado urbano y magníficas vistas desde la ermita de San Roque. En las inmediaciones se encuentra uno de los lugares más fotografiados de Galicia: Fuciño do Porco, un sendero de pasarelas de madera que serpentea entre los acantilados ofreciendo panorámicas inolvidables del mar Cantábrico.
La ruta continúa hacia Estaca de Bares, el punto más septentrional de la Península Ibérica, donde el paisaje cambia constantemente entre un mar abierto y naturaleza salvaje. Muy cerca, aparecen los Picóns de Loiba, famosos por albergar el conocido como «el banco más bonito del mundo», desde donde las vistas sobre el litoral son sencillamente espectaculares.
La carretera sigue bordeando la costa hasta llegar al cabo Ortegal, donde confluyen simbólicamente las aguas del Atlántico y el Cantábrico, en dirección a uno de los momentos más especiales del día; la Serra da Capelada, hogar de algunos de los acantilados más altos de Europa continental. Desde el mirador de Vixía Herbeira el paisaje sobrecoge por su verticalidad y por la inmensidad del océano.
Antes de finalizar la jornada en Ferrol, ciudad de tradición naval donde descansar para afrontar la siguiente etapa, merece una visita el santuario de Santo André de Teixido, rodeado de leyendas populares y profundamente arraigado en la cultura gallega.

Día 3. As Mariñas y el Golfo Ártabro
Comienza la mañana callejeando por el elegante barrio de A Magdalena, en Ferrol, uno de los mejores ejemplos del urbanismo ilustrado en España. Tras conocer parte del patrimonio naval de la ciudad, el viaje continúa hacia el castillo de San Felipe y diversos miradores que ofrecen excelentes panorámicas sobre la ría.
El siguiente tramo recorre pequeños pueblos marineros como Ares y Redes, donde todavía se conserva el ambiente tradicional ligado al mar. En Pontedeume comienza una de las visitas naturales más importantes del viaje; As Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa. Sus senderos atraviesan un entorno de vegetación exuberante hasta llegar al histórico monasterio de Caaveiro, enclavado entre los ríos Eume y Senín.
En la siguiente parada, Betanzos, una de las antiguas capitales del Reino de Galicia, que conserva iglesias medievales, calles empedradas y un importante patrimonio monumental, no olvides probar su afamada y deliciosa tortilla.
Antes de llegar a A Coruña para concluir la jornada, ciudad abierta al Atlántico cuya visita promete grandes descubrimientos para el día siguiente, resulta recomendable detenerse en los jardines del Pazo de Mariñán, incluidos dentro de la Ruta de los Jardines de la Camelia.

Día 4. A Coruña y la magia de la Costa da Morte
La mañana es para dedicarla a recorrer algunos de los lugares más emblemáticos de A Coruña. Las famosas galerías de cristal en la avenida da Mariña, la plaza de María Pita, el casco histórico y la imponente Torre de Hércules, el único faro romano del mundo que continúa en funcionamiento, forman parte de una visita memorable. Desde el monte de San Pedro se obtienen algunas de las mejores panorámicas de toda la ciudad, antes de emprender el camino hacia la legendaria Costa da Morte.
El primer gran alto del día es el cabo Vilán, donde un impresionante faro domina uno de los litorales más salvajes de Galicia. Para continuar hasta Muxía, con el santuario de A Virxe da Barca como gran protagonista. Rodeado por enormes rocas modeladas por el mar, este lugar brinda espiritualidad y tradición con un paisaje descomunal.
La jornada alcanza uno de sus momentos culminantes en Fisterra, considerado durante siglos el fin del mundo conocido. Contemplar el atardecer desde su faro, con el océano extendiéndose hasta el horizonte, es una experiencia difícil de olvidar.
Si tiene tiempo, el recorrido puede completarse con la cascada de O Ézaro, donde el río Xallas desemboca directamente en el mar, y con el monumental hórreo de Carnota antes de llegar a Santiago de Compostela para pasar la noche.

Día 5. Santiago de Compostela y las Rías Baixas
La quinta jornada comienza en la capital gallega. Santiago de Compostela merece varias horas para recorrer tranquilamente su monumental casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad. La catedral, sus esculturales plazas y las calles porticadas convierten cada paseo en una experiencia única. Tras disfrutar de esta majestuosa ciudad, la ruta se dirige hacia las Rías Baixas, una de las zonas más visitadas de Galicia. La primera parada es en Cambados, considerada uno de los grandes referentes del vino albariño. Sus pazos, plazas históricas y miradores ofrecen una magnífica panorámica sobre la ría de Arousa salpicada de bateas.
Después llega el turno de bañarse en la espectacular playa de A Lanzada, uno de los arenales más extensos y conocidos de estas tierras, entre los municipios de Sanxenxo y O Grove. Es famosa por sus fuertes olas ideales para el surf.
La carretera continúa bordeando la costa hasta Sanxenxo, un destino muy deseado para el veraneo, y posteriormente hasta Combarro, quizá el pueblo marinero más fotogénico de Galicia gracias a sus hórreos construidos junto al mar.
El día finaliza en Pontevedra; ciudad cómoda para recorrerla a pie y excelente lugar para descansar antes de continuar nuestra ruta.
Día 6. Pontevedra y el Baixo Miño
La jornada comienza descubriendo el encantador centro histórico de Pontevedra, que está muy bien conservado. Sus plazas, soportales y calles peatonales invitan a pasear mientras salen al paso bellos monumentos como la iglesia de Santa María A Maior o el santuario de la Virxe Peregrina.
Después, continuamos hacia Tui, ciudad fronteriza dominada por su catedral fortaleza y situada frente a la localidad portuguesa de Valença do Minho. Siguiendo el curso del río Miño se alcanza A Guarda, donde el monte de Santa Trega ofrece una de las vistas más maravillosas del viaje, sobre la desembocadura del Miño. Aquí se conserva un castro prerromano mayúsculo .
El recorrido finaliza en Baiona, villa histórica donde arribó la carabela Pinta tras el descubrimiento de América. Su recinto fortificado, el casco antiguo y las vistas hacia las islas Cíes convierten este lugar en un magnífico cierre para la jornada antes de llegar a Vigo.

Día 7. Del Atlántico al corazón de Galicia
Aunque Vigo es conocida por su espectacular iluminación navideña, también ofrece jardines históricos, iglesias románicas y numerosos miradores sobre la ría.Tras una breve visita, el viaje cambia completamente de escenario para adentrarse en la provincia de Ourense. El destino principal es la Ribeira Sacra, con un paisaje de inusitada belleza. La primera parada es el antiguo monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, hoy convertido en Parador Nacional y rodeado de un entorno natural privilegiado. Muy cerca, aparece el mirador de Cabezoás, desde donde se contempla la imagen más representativa de la Ribeira Sacra: el profundo cañón excavado por el río Sil entre impresionantes paredes verticales cubiertas de viñedos. Es un emplazamiento que resume a la perfección la fuerza de la naturaleza gallega, y que invita a detenerse para disfrutar del silencio y las vistas.
Día 8. Ourense y la promesa de volver
La última jornada está dedicada a descubrir Ourense, ciudad famosa por sus aguas termales y por el animado ambiente de su casco histórico. Entre sus principales monumentos destacan el puente de origen romano, la catedral de San Martiño y el espectacular Pórtico del Paraíso, una de las grandes joyas del arte medieval gallego. Después llega el momento de visitar As Burgas, el símbolo termal de la ciudad y un broche perfecto para cerrar este entrañable viaje por tierras gallegas, donde las aguas brotan a temperaturas cercanas a los 70 grados.