KYOTO. La esencia de Japón.




El corazón espiritual del país nipón se halla aquí, en una ciudad que es famosa por la abundancia de bellos templos y el gran número de geishas que aún siguen en activo. Poner un pie en Kyoto, es saborear pasado y presente de una urbe que mira al futuro con un profundo respeto a sus raíces.

Emplazada en el centro de la región de Kinki, a unos 40 km al nordeste de Osaka y muy próxima al extremo sur del lago Biwa, el más grande del país, fue fundada en la última década del siglo VIII por el emperador Kanmu, que la convirtió en sede de la corte imperial y capital del país. La ciudad se concibió, como era habitual, a imagen de las capitales chinas, con el dámero de sus avenidas orientado según los puntos cardinales y tomando como punto de referencia el Palacio Imperial. Así nació Heian-kyo, entorno a la que se desarrollo la ciudad que con los años paso a llamarse Kyoto, vivió cuatro siglos de un gran esplendor que la llenó de riqueza, artistas y gente ilustrada. Kyoto fue la capital imperial hasta 1868, cuando la corte se traslado a la ciudad de Edo, y ésta pasó a llamarse Tokio. Lo verdaderamente brillante del Kyoto que ha llegado hasta nuestros días es la facilidad que ha tenido para fusionar pasado y presente. A lo largo del río Kamo se extiende una ciudad moderna que guarda con mimo un gran legado histórico, que crece en abundancia a medida que nos alejamos del centro, sus secretos mejor guardados están en la periferia y los bosques de las colinas que rodean la ciudad. Aquí se encontrará el viajero con la esencia del país del sol naciente, tiene los palacios, templos, jardines y barrios tradicionales más lindos de Japón. El patrimonio que posee es espectacular, hay más de diez monumentos declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y otros tantos que también deberían estar catalogados del mismo modo. Ésta es la capital espiritual del país, según datos oficiales cuenta con 400 templos shinto y 1650 budistas, sin embargo, un dicho popular dice que es posible visitar cada día durante diez años un templo diferente y no llegar a visitarlos todos. Por su grandeza, para poder saborear con una mínima intensidad sus encantos, merece una visita que no escatime en tiempo. Esta ciudad hace que el turista apresurado repare en el detalle, en la apreciación estética de la simplicidad. Debido a que no fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial mantiene un gran legado del pasado, cosa que no se puede decir de ciudades como Tokio, Hiroshima o Nagasaki, que fueron arrasadas por los Estados Unidos de América.

Vista general.

Templos y santuarios.

Los habitantes de Kyoto no tienen problema alguno en practicar a la vez el shintoismo y budismo, para ellos profesar ambas religiones es algo muy normal, quizás esa dualidad sea posible gracias a la incansable curiosidad de los nipones. Se puede decir que la religión original del archipiélago es el shintoismo, que representa un infinito respeto por los poderes de la naturaleza. El budismo fue introducido en el país durante el siglo VI como religión oficial. A día de hoy el sintoísmo manda en la mayor parte de las principales festividades. Éste dualismo, será el que guiará al viajero por los espacios más bellos que Kyoto destina al culto, debido al gran número que aloja la ciudad lo mejor es hacer una pequeña selección, más vale ver poco pero con detenimiento. Hay que tener en cuenta que algunos son inmensos complejos que requieren mucho tiempo y un calzado cómodo para ser recorridos en su totalidad. De visita obligada son: los santuarios de, Heian Jingu, Fushimi Inari-taisha, Yasaka y los templos de Sanjusanjen-do, Kiyomizudera, Shoren-in, Ginkakugi, Kinkakuji, Ryoanji y Ninnaji.

Heian Jingu es muy espectacular, su imagen es una de las clásicas estampas de la ciudad. Fue levantado en 1895 para conmemorar el 1100 aniversario de la fundación de Kyoto, algunas edificaciones están copiadas del primer palacio imperial levantado en el 794. En el interior acoge un bellísimo jardín, cuidado hasta el último detalle.

Templo de Kiyomizu-dera.

Fushimi Inari-taisha es uno de los santuarios sintoístas más prestigiosos de Japón, esta dedicado al espíritu de inari, el protector de las cosechas y en especial la del arroz. En zorro esta considerado su mensajero en la tierra, por ello tiene innumerables estatuas de ellos en todas partes. Éste lugar emana magia, tiene un camino estrecho que deambula bajo un fascinante túnel formado por toris que han sido donados por particulares o empresas; en uno de los lados de cada uno esta escrito el nombre de quien lo ha donado y la plegaria que hace al dios Inari. Recorrer todo la senda que forman los toris hasta la cima de la montaña demora unas dos horas, pero merece la pena. Pienso que guarda alguno de los rincones más bellos de Kyoto en su recorrido y unas vistas espectaculares en la cima. La disposición de este lugar es tan fascinante que el director de Memorias de una Geisha decidió grabar aquí los últimos planos de la película.

El último gran santuario que es de inexcusable peregrinaje es el de Yasaka, más conocido popularmente como Gion-san por el gran número de fieles que tiene, cuenta con una entrada majestuosa que introduce al visitante en un entramado de recoletas capillas y está en el centro de la ciudad junto al parque Maruyama, que adquiere una belleza especial cuando florece el cerezo durante la primavera.

Templo de Adashino Nenbutsu.

Al este de la modernísima estación de tren, donde llegará en tren bala todo aquel que proceda de Tokio, se hallan dos templos magníficos: el de Sanjusanjen-do, que acoge en su sala principal un conjunto escultórico impresionante formado por 1001 estatuas lacadas en dorado que representan a Kannon-Bosatsu, la diosa de los mil brazos; y el de Kiyomizudera o Templo del Agua Pura, que fue fundado el año 780 por la secta budista Hosso, la más antigua de Japón. No obstante, los edificios actuales datan de 1663. Está ubicado en la ladera de la montaña de Higashiyama y la construcción principal se alza sobre una cañada sostenida por 139 pilares de 15 metros de altura, que se sostienen sin un solo clavo. Desde su terraza ofrece una amplia panorámica de la ciudad y a los pies de la misma se puede beber del agua que da nombre al templo, tiene tres caños que otorgan, de izquierda a derecha, capacidad de estudio, dinero y longevidad.

En las primeras estribaciones de las montañas que rodean Kyoto, al este del río Kamo, el viajero podrá visitar dos interesantísimos templos: el de Shoren-in, un pequeño edificio que tiene un hechizo especial con un jardín precioso que fue diseñado por los artistas Soami y Enshu; y el de Ginkakugi o Pabellón de plata, otra de las glorias de la ciudad, siempre abarrotado de turistas.

Para terminar con esta pequeña selección de templos y santuarios, hay que dirigirse al norte de la ciudad donde se alzan muy juntitos tres de los templos más afamados de Kyoto. El de Kinkakuji o Torre del oro de Japón, como dice mi guía japonesa con nostalgia recordando la de Sevilla y los años que pasó allí aprendiendo español. La estampa que presenta el pabellón dorado reflejándose sobre el estanque Kyoto-chi es de una armonía que roza lo divino. Muy cerca del anterior está el templo de Ninnaji, que destaca por tener una estupenda pagoda y el templo de Ryoanji, que acoge el jardín zen más famoso de Japón; un mar de graba delicadamente rastrillada que dibuja un rectángulo de 30 metros por 10´15, del cual emergen rocas rodeadas de musgo. No representa nada en concreto, cada uno puede ver lo que quiera, como dice mi guía “siéntate y disfruta, la gracia de un jardín zen es que no tiene nada que mostrar, sólo transmitir”.

Pabellón de plata

El Centro.

Justo en el cruce que configuran Karasuma dori con Shijo dori, tiene lugar el centro de la ciudad, es un auténtico hervidero de personas a todas horas. Aquí se halla el mercado de Nishiki, un mercado de comida tradicional muy parecido a los que nosotros tenemos, donde se puede ver la amplia variedad de materias primas que usan los nipones para elaborar su prestigiosa cocina. Es aconsejable visitarlo a primera hora de la mañana, a partir de las diez se pone hasta los topes. Si lo que se desea es adquirir moda nipona, el sitio indicado es Teramachi Shopping Arcade y Shin-kyogoku Arcade, dos calles, que como su propio nombre indica están cubiertas por una gran arcada, en las que se puede adquirir lo último de lo último. Aquí compran los más snobs de la ciudad. El centro, en apariencia muy parecido a Tokio, tiene también algunos de los monumentos más hermosos de Kyoto, como el Castillo de Nijo, que fue iniciado en 1603 y terminado en 1626. Abarca una superficie de 275.000 metros por 7.300, que acoge 22 estructuras donde destaca el Palacio Ninomaru por su agraciada decoración, el jardín Ninomaru y la espectacular puerta de entrada en el lado este. A muy pocos pasos se ubica el Parque Imperial, que aloja el Palacio Imperial. El edificio carece de monumentalidad, pero le sobra elegancia. Su estado actual lo debe a una reconstrucción realizada en 1855 después de un incendio, ésta fue la morada de 73 emperadores cuando Kyoto ostentaba la capital de Japón. El palacio está rodeado de una muralla techada con tejas y dividido interiormente en dos partes bien diferenciadas: en la parte norte tiene las estancias destinadas a la vida cotidiana y en la sur todos los espacios donde tenía lugar el desarrollo de la vida oficial.

Si no ha quedado muy saturado de ver templos, o está tan fascinado por ellos que le apetece seguir viendo más, el centro cuenta con dos de gran hermosura declarados Patrimonio de la Humanidad, junto a la estación de tren: el Nishi Hogangi, es el centro de la secta budista de Jobo-Shinsu (la verdadera enseñanza de la tierra pura), fue edificado hace 700 años y mas que por su belleza sorprenda por el gran complejo que forman todos sus edificios; el otro templo es el Toji, levantado en el 796 por el emperador Kukai. Aunque muchos de sus edificios han sido reconstruidos, sigue guardando deidades que son veneradas desde la antigüedad. Lo que más llama la atención del visitante es su pagoda, de cinco pisos y cincuentaiseis metros de altura, fue construida en 1641 y es la más grande de Japón. También resultan sorprendentes las 21 estatuas de buda en la sala de Ko-do.

Shin-Kyogoku Shopping Arcade.

Pontocho y Gion.

Ambos lugares están formados por estrechas y vetustas calles que muestran como era antaño Kyoto. Por el día sus calles son tranquilas, pero con la puesta de sol experimentan una metamorfosis sorprendente, aquí y allá, aparecen y desaparecen rápidamente por los zaguanes de bellas casas de madera las misteriosas geishas, ataviadas con sus deslumbrantes ropajes que adquieren un brillo especial en la noche. Entorno a las 7 de la tarde bares, restaurantes y clubes empiezan a animarse transformando sus calles en un ir y venir de gente, donde grupos de ejecutivos formales y muy correctos durante la jornada laboral, ahora bajo los efectos de la cerveza y el sake se torna ruidosos y bromistas. En Japón no esta mal vista la embriaguez, es uno de los paraísos para los bebedores; hay que estar atentos, en cualquier momento podéis caer en las garras de un ebrio salariman (así se conoce a los trabajadores de cuello blanco), con ganas de practicar su inglés. A media noche es fácil ver cuadrillas de hombres trajeados tambaleándose mientras se dirigen a coger el último tren que les llevará a sus casas.

women dressed in kimono, in Shirakawa-minami-dori, Gion district, Kyoto. Kansai, Japan.

Gión, es el preferido por los turistas para apostarse en la calle mayor e intentar ver una geisha. Un consejo, no lo hagáis porque pueden pasar horas y no aparecer ninguna, lo mejor es disfrutar de las maravillas del barrio y dejar que te sorprendan inesperadamente, ellas suelen esquivar los sitios donde saben que se concentran la mayor cantidad de turistas. Éste barrio cuenta con las mejores casas de té, y por tanto el más indicado para vivir su ceremonia. El cha-no-yû (literalmente “agua caliente para el té”) se dice que es la quintaesencia de la cultura japonesa, en él se condensan la estilización, el gusto por la belleza y el ritual, las formas simples, la complicidad con la naturaleza y la meditación. El marco ideal es un pequeño pabellón en el jardín de la casa, considerado la morada de la fantasía o del vacío, al que se llega por un sendero tras atravesar una pequeña puerta, se deja así simbólicamente el exterior para acceder a otro tiempo. Los locales que realizan la ceremonia del té en Gion tienen espacios como el descrito; lo que más sorprende de la ceremonia es la delicadeza de todos los movimientos hasta la obtención de la infusión, que por cierto, esta buenísima. Todos los objetos que se utilizan durante la elaboración del té proceden de materiales naturales. Hasta el siglo XIX este rito sólo era practicado por hombres, hoy es casi exclusivamente un arte que cultivan las mujeres. El barrio, además cuenta con el celebre teatro Minamiza, donde se pueden ver actuaciones de teatro clásico y danzas tradicionales, y el Gion Corner, un espacio donde la dirección de la escuela de Geishas de Gion ofrece un pastiche de cultura popular para turistas, que resulta interesante si durante su estancia no hay nada programado en el Minamiza o el Kaburenjo de Pontocho.

Arashiyama.

Pontocho, una calle al otro lado del río Kamo, frente a Gion, se puede considerar como una prolongación de éste. No obstante, Pontocho es el mejor de los dos para cenar. La mayoría de sus restaurantes tienen excelentes terrazas que caen a la orilla del río. Este es el lugar preferido por los ciudadanos de Kyoto para salir a cenar y luego tomar una copa. La cocina japonesa es un placer tanto para la vista como para el paladar. Unos consejos: no es de buena educación agitar los palillos o señalar a alguien con ellos y es de buena educación cuando estemos en compañía decir “itadakismasu” ( literalmente “recibo humildemente”) antes de empezar y “gochisosama deshita” ( literalmente “fue un agasajo”) al acabar. Después de la cena, una buena manera de despedir el día, es dando un paseo por la ribera del río kamo, repleto de parejitas susurrándose cosas al oído. Como dice la Gran Kayoko Nakata, una de las grandes figuras del flamenco japonés, esta es la ciudad de los enamorados.

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Turismo Japón

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