ABADÍA de ADMONT, diversidad cultural en plena región austriaca de Estiria.

Stefan Leitner

A las puertas del Parque Nacional Gesäuse un monasterio lleno de saber, cultura y naturaleza espera a los visitantes. En cada rincón sus secretos aguardan a ser descubiertos. Destaca, entre ellos, la mayor biblioteca monástica del mundo cuya singularidad es casi imposible de superar.

Sta. Emma de Gurk: la fundadora del monasterio.

La historia de la abadía de Admont se remonta al año 1043 y nos lleva hasta Sta. Emma de Gurk. Nacida como condesa de Friesach-Zeltschach, fundó también el monasterio de Gurk en la región de Carintia. Poco antes de su muerte transmitió sus propiedades en Estiria al obispo Balduin de Salzburgo, estableciendo un mandato a cumplir: sobre esos terrenos, un monasterio debía ser fundado. Más de treinta años pasaron finalmente hasta que el monasterio benedictino fue consagrado por el arzobispo Gebhard. No obstante, ya en aquel año, los primeros monjes se trasladaron desde la abadía de S. Pedro en Salzburgo. Esto hace que el monasterio de Admont sea el más antiguo de los aún existentes en Estiria.

Debido a la vinculación de Sta. Emma de Gurk con Admont, la ruta de peregrinación «Hemma-Pilgerweg» conduce desde Admont directamente hasta Gurk. Dividida en 7 etapas y con un total de 186,6 km, la ruta lleva hasta la catedral de Gurk, lugar en cuya cripta fue enterrada la santa. La primera atracción importante durante el camino se encuentra en el propio Admont: la abadía benedictina y, sobre todo, su extraordinaria biblioteca monástica.

La biblioteca monástica más grande del mundo: una obra maestra de la arquitectura.

Desde su finalización en torno a 1773 la fastuosa sala repleta de conocimientos impresiona a los visitantes. Por encima de todo, resultan apreciables las huellas de la Ilustración en el diseño arquitectónico de la sala. Por un lado, en las obras de arte y en el conjunto de libros, pero también por otro, en el suelo. Este último llama la atención por su mármol blanco, rojo y gris, y porque permite a cada mirada personal reconocer algo distinto en su diseño. ¿Qué puedes reconocer? ¿Bandas, líneas en zigzag o, tal vez, cubos? En tu próxima visita, deja que la arquitectura de la sala de la biblioteca te lleve a un viaje de descubrimiento.

Además del suelo, también hay algo más que descubrir: unos valiosos frescos que se hallan sobre nuestras cabezas. Bartolomeo Altomonte realizó, cumplidos ya los ochenta años, estos siete frescos que componen una serie narrativa. En el centro del conjunto de la obra figura una representación de la Revelación, como principio básico del cristianismo, que está simbolizada en la cúpula central. Por otra parte, las ciencias y las artes son representadas en las seis cúpulas adyacentes, mostrando así la estrecha relación entre la religión y el arte, así como la ciencia.

Según se afirmaba en la Edad Media: «Un monasterio sin biblioteca es como una fortaleza sin armería».

Stefan Leitner

Los libros de Admont y sus secretos.

No debemos abandonar la biblioteca sin reparar antes en un secreto del monasterio. Casi imposibles de distinguir de otras estanterías, pero realmente distintas, se sitúan las llamadas «puertas secretas» de la biblioteca de la abadía. Mediante la disimulación de las puertas a la vista, utilizando engañosas imitaciones de auténticos lomos de libros, mantiene la sala su aspecto homogéneo. Sin embargo, lo que constituye una realidad son los más de 70 000 libros que encuentran su sitio en la biblioteca. En el conjunto del monasterio se hallan más de 200 000 volúmenes, entre ellos 1400 manuscritos, los cuales constituyen el más preciado tesoro de la abadía. Probablemente, los primeros libros fueron llevados por los monjes desde su casa madre en Salzburgo. A ellos habría que sumar los numerosos volúmenes donados, ya en los primeros años del monasterio, por el arzobispo Gebhard.

El núcleo central de la universal biblioteca lo forma la llamada «Biblia»: una colección de más de setenta libros manuscritos de distintas épocas. Ya desde el siglo XII, el monasterio dispuso también de su propio scriptorium. En él eran elaborados libros para el uso de la propia abadía y de otros monasterios. Gracias a las numerosas adiciones a la colección realizadas mediante donaciones, compras e intercambios, así como a los libros creados en el propio scriptorium, se originó un conjunto de obras literarias de diferentes especialidades cada vez más amplio. Así, junto a escritos eclesiásticos y de enseñanza sobre la naturaleza, hay también libros correspondientes a otros temas: obras de consulta, derecho civil, medicina y también, desde luego, historia universal.

Eventos en la abadía de Admont: durante todo el año algo nuevo para descubrir.

A lo largo del año, una gran cantidad de eventos tienen lugar en la abadía de Admont para hacer que la visita sea más impresionante todavía. En los meses de verano se organizan visitas nocturnas guiadas para conocer la biblioteca del monasterio. En otoño, en el marco de los conciertos de órgano que durante esa estación se interpretan, se puede disfrutar de los impresionantes sonidos de ese instrumento. En cuatro conciertos programados, diversos intérpretes de toda Europa ofrecen una sonora preparación para la estación fría del año. En particular, son ejecutadas obras correspondientes a compositores con aniversarios durante el año en curso. Diversas celebraciones litúrgicas tienen lugar también en el transcurso del año, como la Fiesta de Acción de Gracias en otoño o la misa Rorate Caeli durante el Adviento.

Enlace a la página de eventos: www.stiftadmont.at

Un monasterio y un sinfín de posibilidades.

Sin lugar a duda, la parte más famosa de la Abadía Benedictina de Admont es su biblioteca. Pero no es solo ella la que tiene mucho que ofrecer, también una gran cantidad de museos y exposiciones especiales han encontrado su hogar en la abadía de Admont. Así, es el hogar de un museo de historia del arte y también de un museo de historia natural y otro de arte contemporáneo. Justo en este último, encontramos, en la colección Hannes Schwarz, el arte de la posguerra. Hannes Schwarz, uno de los más importantes artistas de Estiria correspondientes a ese período, donó en 1977 al monasterio de Admont 92 de sus obras. Su legado, que forma un gran tesoro artístico, espera a ser encontrado en las numerosas esquinas y pasillos del monasterio. Sin salir de Admont, podemos trasladarnos a través del tiempo en un impresionante viaje.

Thomas Sattler

El jardín de la abadía: un oasis de tranquilidad e inspiración.

Mientras que los apasionados del arte disfrutan con las bóvedas de la abadía, con sus altos techos y sus atractivas ornamentaciones, los amantes de la naturaleza se sienten fuera, en el jardín, en su propio elemento. A pocos pasos del acceso principal al monasterio todo gira alrededor del mundo de las hierbas. Aquí, crecen y florecen más de mil variedades de plantas para el uso gastronómico, medicinal y ornamental, siguiendo el principio medieval de la coexistencia de estos tres tipos de plantas. Sin abandonar el monasterio, desde la escalera panorámica se consigue la mejor vista hacia los extensos espacios verdes. Independientemente del tiempo que haga, se percibe la conexión entre el imponente conjunto de edificios de la abadía y la naturaleza. Podemos dejar que nuestra mirada se pierda hasta el Parque Nacional Gesäuse y el conjunto montañoso Haller Mauern. Aquí, tras visitar Admont, podemos disfrutar de la vista y evocar el hermoso día que hemos experimentado.

Más información

http://www.stiftadmont.at

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