KENIA, mágica y seductora

Un viaje apasionante por las tierras que encarnan el África más romántica. Desde las faldas del Kilimanjaro hasta el mítico Lago Victoria. Observando muy de cerca la fauna salvaje, caminando por las entrañas de La Puerta del Infierno, y visitando la casa de Karen Blixen, la escritora que escribió el libro que inspiró el guión de “Memorias de África”

Si hay un lugar que evoca el mito africano que todo viajero persigue, ese es Kenia. Un territorio situado en el Ecuador del planeta, cargado de símbolos e iconos que están grabados en nuestra memoria, por el gran número de películas y documentales que hemos visto sobre él. Su fauna, paisajes y habitantes han pasado a formar parte de nuestro imaginario, aunque nunca hallamos estado en África. Está habitado por los míticos maasai y los samburu, entre otras muchas etnias. Atravesado por la majestuosa falla del Rift. Y es un país excepcional para la observación de fauna salvaje

Safari, es una palabra suajili que significa viaje. Hay muy pocos lugares en la tierra que doten de sentido a un viaje, como el territorio keniata y su gente. Nuestro safari lo iniciaremos en el deslumbrante Parque Nacional de Chyullu Hills, en el sudoeste del país. Marcado por las colinas de Chyulu, de origen volcánico, que le dan nombre y cuyos picos van de los 1500 a los 2160 metros. Y con el Kilimanjaro como telón de fondo en su cara sur. Esta mítica montaña, formada por tres volcanes, es la estampa más conocida del parque, aunque se alza sobre tierras de Tanzania. El paso de jirafas y elefantes enmarcados por la montaña que tiene el pico más alto de África, el Uhuru de 5891 m, es todo un espectáculo. Su cubierta permanente de nieve hay que admirarla con mucho detenimiento, pues seguramente no la volveremos a ver otra vez con similar cantidad de hielo; desde principios del siglo XX debido al cambio climático está padeciendo una alarmante pérdida de sus nieves perpetuas que puede conducir en una plena desaparición a partir de 2020. Además de la observación de numerosa fauna salvaje, Chyullu brinda paseos maravillosos por un tubo de lava que introduce al caminante por las entrañas de la tierra, a través de formaciones volcánicas sorprendentes, para luego expulsarlo a la superficie.

Safari en el Parque Nacional de Chyulu Hills.

Esta es tierra maasai, y como tal, un lugar ideal para acudir a uno de sus poblados y conocer este pueblo milenario. Aunque cada vez es más difícil encontrar lugares donde los maasais mantengan sus costumbres ancestrales, y muchos pueblos sólo son centros de interpretación, destinados a preservar el pasado, que se llenan de “auténticos maasai” cuando viene un grupo de turistas. Siempre es interesante acercarse para conocer como era y sigue siendo en muchos lugares de Tanzania septentrional y Kenia meridional la cultura de un pueblo nómada que basa su sustento en el pastoreo, que le proporciona los tres alimentos capitales de su dieta; carne, leche y sangre. Hablan el maa, son animistas y rigen su vida en función de las estaciones y de las horas de sol que tiene un día. Lo que suele llamar más la atención cuando el viajero visita por primera vez una aldea maasai es lo entrelazada que está la vida de los humanos con la del ganado, hasta tal punto que los excrementos de los animales es uno de los elementos constructivos esenciales para la elaboración de adobes, junto al barro y la paja de mijo, con los que se construyen las chozas. De gran belleza son las facciones del pueblo maasai y los vivos colores de sus atuendos, de tonos rojos y azulados. Portan collares de cuentas, y tanto hombres como mujeres suelen alargarse el lóbulo de las orejas debido al peso de los pendientes que se ponen. Ver como cantan y bailan, es una de las mejores experiencias que brinda una visita a Chyulu Hills; se sitúan en circulo realizando unos movimientos y cantos que se suceden de modo regular, que van intensificando o suavizando; mientras los hombres, de uno en uno, dan en el centro del círculo saltos impresionantes.

Grupo de mujeres Masai interpretando una danza tradicional.

Aunque lo normal es huir del asfalto en un viaje de estas características. En nuestro Safari, la siguiente parada es Nairobi, la capital de Kenia. Y la ciudad más poblada de África oriental, superando los 3 millones de habitantes. Tiene dos atractivos muy poderosos que obligan a realizar una parada. En el barrio de Karen, alejado del centro, está la Casa Museo de Karen Blixen. La autora de “Out of África”, donde cuenta su vida novelada dando a conocer la fauna, los paisajes y las personas de un África muy romántica. Una obra que fue la matriz donde nació el guión de la mítica película “Memorias de África”. Todo un éxito de la historia del cine, que despertó en miles de viajeros la curiosidad por conocer estas tierras, y la autora del libro que inspiró la película, que firmaba la mayoría de sus libros con el seudónimo de Isak Dinesen. Aquella granja a la que la escritora danesa alude en el inicio del libro, “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”, desde 1986 fue convertida en un museo, justo un año después de grabarse la película que protagonizaron Meryl Streep y Robert Redford. La casa es la original, pero todo el mobiliario y la decoración es del “atrezzo” de la película. El otro gran atractivo de Nairobi, es el orfanato de elefantes y rinocerontes blancos, donde una ONG realiza una labor encomiable con los elefantes y rinocerontes que se quedan huérfanos, fundamentalmente debido a la caza furtiva. Son educados e instruidos, para cuando llega su momento, introducirlos en la vida salvaje. Durante la visita informan de la labor que desempeñan y es posible ver como los cuidadores dan el biberón a las criás de elefante. El dinero de nuestra entrada contribuirá a que la fundación creada por Daphne Sheldrick, en honor a su marido David, quien inició junto a ella la tarea de cuidar a elefantes huérfanos, y fue el creador de la formula con la que se elabora una leche que permite alimentar a los elefantes recién nacidos

Leones, cachorros, en el Parque Nacional del Lago Nakuru

Rumbo nordeste por la A-104 se llega al Parque Nacional de Hell´s Gate (La Puerta del Infierno). Un parque de estética fascinante que ha servido de escenario a películas como Tomb Raider II y Sheena, reina de la selva. Es un lugar maravilloso para pasear en bicicleta, hacer senderismo o practicar la escalada. No hay que perderse la caminata, de unas dos horas, por la garganta que surca el parque dibujando un espectacular cañón que por momentos parece que quiere engullir al viajero. A unos 10 km de La Puerta del Infierno se halla el Lago Naivasha, que además de albergar un gran patrimonio ornitológico, acoge una numerosa colonia de hipopótamos. En las orillas se pueden alquilar pequeñas barcas para ir a observarlos. Cuando veo un hipopótamo que sumerge la cabeza en el agua y no sale, sólo pienso en desaparecer del lugar; son numerosas las historias sobre los ataques que protagonizan. Sin ir más lejos, el director de nuestro hotel nos contó en el desayuno que la noche anterior un hipopótamo volcó una barca de pescadores y mató a un hombre.

Hipopótamos en el lago Naivasha

Continuando por la A-104, sin dejar de perseguir el nordeste, la carretera conduce hasta el Lago Nakuru. El segundo Parque Nacional más visitado del país, famoso por la marabunta de flamencos rosados que suele ocupar sus aguas. Si tiene mala suerte, como un servidor, y visita el lugar cuando el número de ejemplares es muy reducido debido al fenómeno migratorio. No hay problema, la fauna es abundante; la primera y la última hora del día es cuando los animales tienen una mayor actividad; los rinocerontes pastan como mansas ovejas, los ñus caminan dibujando filas interminables, los babuinos suelen cortar la carretera, y con un poco de suerte, es fácil topar con una leona seguida por sus cachorros.

Cebras en el Parque Nacional del Lago Nakuru.

Nuestro safarí finaliza en la isla de Rusinga, ubicada en el mítico Lago Victoria. La mejor manera de acceder a ella es en Ferry desde Kisumu, mezclado con un pasaje muy variopinto, donde ganado y personas comparten medio de transporte. La isla es un emplazamiento privilegiado para pasar unos días observando aves y visitando pequeñas aldeas de pescadores, como Litari o Kolunga. Que adquieren su mayor actividad cuando las barcas vuelven a primera hora de la mañana con las capturas; la gente se agolpa ante las embarcaciones para adquirir pescado, las garcetas revolotean alrededor para ver si pueden agarrar algún pez sin dueño, y el grueso del pueblo sentado en las rocas observa el acontecimiento más importante del día en la aldea. Un pedazo de vida, dorado por el sol recién salido, que suele quedar grabado durante mucho tiempo en la cabeza del viajero.

Fotógrafo retrata a un Masai en el Parque Nacional de Chyulu Hills.

Más información:

www.magicalkenya.com

www.youtube.com/user/magicalkenya

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