VIENA, en clave de lujo.

La gran mayoría de turistas saben que la capital de Austria es tan grandiosa como su historia imperial. Sus calles señoriales, están llenas de palacios y obras maestras barrocas. Una de las ciudades más bonitas y relucientes de Europa, de la que poder disfrutar prácticamente en cada esquina, donde el pastel de chocolate y el vino espumoso son un tentempié apropiado a cualquier hora del día, y donde el escalope vienés suele ser más grande que el plato en el que se sirve. Un ciudad, patrimonio mundial de la UNESCO, en la que todos sus habitantes saben bailar un vals. Pero pocos saben, que Viena también puede ser visitada en clave de lujo, sintiendo esa suntuosidad y esplendor en primera persona.

Ubicado entre la Ópera Estatal y el Museo Albertina, en medio de toda la grandeza imperial de los Habsburgo de la capital austriaca, el Hotel Sacher Vienna es como su receta: una toque sutil pero sabroso de mermelada de albaricoque en medio de capas de rico chocolate. Desde 1832, cuando Franz Sacher, un aprendiz de cocina de 16 años en la corte del príncipe Metternich, creó su torta homónima, el nombre Sacher ha evocado la buena vida, al estilo vienés. Además de su afamada tarta, sus habitaciones siguen siendo las más románticas de toda la ciudad, adornadas con telas moradas, mobiliario lacado negro y baños glamurosos con amenities sabor a chocolate.

Al palacio Schloss Belvedere a menudo se le compara con Versalles, y no resulta extraño, ya que fue el mismo Príncipe Eugenio de Saboya, quien encargó los dos palacios barrocos como su residencia de verano. Si bien sus hermosos jardines e interiores opulentos recuerdan al famoso castillo francés, el Belvedere alberga una colección de arte orgullosamente austriaca que incluye obras de Schiele, Moser y Klimt, cuyo cuadro dorado «El beso» hipnotiza a todo aquel que se atreve a mirarlo. Y que mejor opción que la de poder visitar el museo en privado una vez que cierran las puertas al publico, acompañado de un pequeño concierto de música clásica y una copa de vino en la mano. Hay algo más romántico?

Visita privada al palacio Schloss Belvedere

El Steirereck, con sus dos estrellas Michelin, está catalogado como uno de los 50 mejores restaurantes del mundo. Ubicado en el parque Stadtpark, los cubos de vidrio de su fachada contrastan y con el verdor exuberante de su entorno. En el techo del restaurante, bien escondidas, crecen más de 120 de las hierbas aromáticas de todo el mundo, que forman parte del atrezzo de sus platos. Sus recetas utilizan productos locales y de temporada, buscando potenciar los aromas y sabores típicos de Austria, creando verdaderas obras de arte culinarias. Una cocina sumamente equilibrada, creativa pero sin caer en artificios innecesarios, exquisita pero de sabores marcados. Uno de sus platos estrella es la ternera de Pogusch cocinada al carbón y servida con repollo estofado y alcachofas; girasol y alcachofa de Jerusalén con mollejas de cordero o el exclusivo pescado al carbón cocinado junto a la mesa en cera de abejas con ‘polen’ de zanahoria amarilla y crema agria. No hay olvidar su exquisita repostería, y sus más de 25 variedades de pan.

Un paseo en Fiaker es la manera más encantadora, romántica y tradicional de descubrir la ciudad. Se trata de un taxi tirado por caballos, tal y como lo conocemos en algunas ciudades españolas como Sevilla. Sus conductores visten de forma elegante, usan chaqueta y un bombín negro o gris, algunos fuman estilizados cigarrillos. Además del paseo, ofrecen una charla informal sobre los lugares por los que pasa, con anécdotas y sugerencias. Las tórridas mañanas de sábado o domingo suelen ser los mejores momentos para subirse a uno de ellos, cuando el centro de la ciudad está casi desierto y se disfruta buenas vistas de las calles adoquinadas del centro medieval sin el ajetreado tráfico de los días laborables.

El restaurante Schwarzen Kameel es uno de los más emblemáticos de la ciudad en el que se cocinan los mejores escalopes vieneses o como aquí los llaman Wiener Schnitzel. La historia del «Schwarzes Kameel» se remonta a 1618. Esta época estuvo fuertemente influenciada por la llamada «disputa fraternal» entre los hermanos Habsburgo Matías y Rodolfo, así como por el estallido de la Guerra de los Treinta Años en Europa Central. En esta época, Johann Baptist Cameel abrió una tienda de exquisiteces y vinos en la Bognergasse, que pronto se hizo muy famosa por sus deliciosos manjares, y lo sigue siendo hasta hoy.

Restaurante Steirereck, con dos estrellas Michelin

No hay nada más elegante que pasar una noche en la Ópera Estatal de Viena, uno de los monumentos más bellos de Viena, un tesoro, asociado a su vez a una de las mejores filarmónicas del mundo. Su primer espectáculo en 1869 fue el icónico Don Giovanni de Mozart, que cosechó gran éxito. Tanto el teatro de la ópera como la compañía sufrieron cuantiosos daños durante la Segunda Guerra Mundial, siendo devastado por un bombardeo en 1945, y un posterior incendio, que destruyó totalmente el escenario y la sala de espectadores.. Diez años después, la Staatsoper reabrió, rehabilitada con un nuevo auditorio, recubierto en madera, con el fin de recuperar su increíble acústica original. Se redujo el número de asientos del patio de butacas y se reestructuró el cuarto piso para eliminar las columnas, que reducían la visibilidad. La fachada, el vestíbulo y el foyer de Schwind se restauraron en su estilo original. En la actualidad dispone de 2284 butacas, y está consagrado como uno de los teatros de ópera más importantes y de mayor prestigio y tradición de todo el mundo.

Cuentan que al tenor Plácido Domingo, se le ha visto en más de una ocasón tomando una wurst en el quiosco de salchichas que está delante del Museo Albertina, en Albertinaplatz 1, justo detrás de la opera, donde según dicen se cocinan las mejores salchichas vienesas. Aunque, una opción más romántica, al salir de la opera es cenar en el restaurante Rote Bar, donde cocinan exquisitas recetas tradicionales austriacas. Su invernadero de cristal con suelo de baldosas blancas y negras que da a la ópera, no deja indiferente a nadie, aunque también resulta increíblemente acogedor su impresionante comedor adamascado con grandes cuadros al óleo y lámparas de cristal, en el que los comensales pueden disfrutar con música de piano en directo cada noche.

Edvard Munch exhibition en las escaleras del Palacio Albertina

El palacio neoclásico de Albertina posee una de las mayores y más valiosas colecciones gráficas del mundo, con trabajos como la “Liebre” de Durero o los estudios sobre mujeres de Klimt. El museo, con su techo voladizo creado en 2003 por Hans Hollein, es en sí mismo una destacada obra arquitectónica, presentando un variado programa de exposiciones con obras de arte relevantes desde el siglo XV hasta la actualidad, desde Monet hasta Baselitz pasando por Picasso, programando también exposiciones especiales como las de Alberto Durero, Van Gogh o Edvard Munch. Su colección, comprende 65.000 dibujos y casi 1 millón de grabados de Miguel Ángel, Leonardo, Rubens, Manet, y otros muchos maestros.

Un viaje a Viena no estaría completo sin aprender la danza en tres cuartos de tiempo que el rey del vals Johann Strauss llevó triunfalmente por todo el mundo. Una clase privada en el bello entorno del Palais Coburg permitirá a los asistentes aprender los pasos básicos y la etiqueta que rodea al vals vienés, todo ello explicado de la mano de bailares profesionales de la escuela de danza Watzek. Acompañado de un café vienés tradicional y un delicioso trozo de tarta casera, es el pasatiempo perfecto para cualquier tarde. Aprovechando la visita al Palais Coburg, se puede visitar su increíble bodega, construida entre unas históricas paredes que datan del s. XVI. Seis espacios distintos, todos ellos con una personalidad única y que atesora más de 60.000 botellas en una superficie total de 755 metros cuadrados. La colección de valiosas rarezas se encuentra entre las mejores colecciones del vino del mundo y ha ganado varios premios.

Desde la carretera de circunvalación del centro de la ciudad, serpentea un antiguo tranvía azul y amarillo llamado Vienna Heurigen Express, transportando a los turistas hasta los límites de Viena, entre pintorescas estampas vinícolas con increíbles vistas del Danubio, pasando por maravillosos viñedos y antiguas casas de viticultores. Por el camino se encuentran una serie de tabernas que sirven productos locales y en los que también se puede degustar el vino que producen. La viticultura tiene una larga tradición en Viena. Se les han dedicado numerosas canciones y han servido como telón de fondo de muchas películas. El agreste pero acogedor y genuino bar de Kierlinger abre todo el año y sirve grüner veltliner y

Paseo en carruaje de caballos

gemischter satz, una mezcla de vinos blancos locales. Un lugar en el que sentirse bien, en el que todo el mundo es cordialmente bienvenido, tanto turistas como locales.

Los amantes del arte no deben perderse la Art Austria. Ubicada en el patio central del Museums Quartier y bajo el cobijo de dos grandes carpas se instala esta feria de arte en la que, a través de 45 expositores, se muestran las principales creaciones artísticas contemporáneas. Una experiencia holística, donde las ideas frescas buscan hacerse hueco o al menos ser una alternativa a los viejos maestros de valor incalculable colgados en el cercano Kunsthistorisches Museum.

Para aquellos interesados en la equitación, la Escuela Española de Equitación de Viena es una visita obligada. Con una existencia impresionante de 450 años, es el único lugar en el mundo donde el arte clásico de la equitación todavía se enseña en el estilo renacentista de la haute école. Un buen colofón para despedirse de una ciudad de lujo.

Más información

Turismo de Viena

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